8 abr. 2018

Atatürk y nosotros

Por @ruiz_senior

El creador de la república turca es el gran héroe olvidado del siglo XX, y la comprensión de su legado podría servir a los latinoamericanos para hacer frente a los problemas de su propia historia. Respecto de este punto sería deseable que se discutiera a fondo cuál es el rumbo que siguen nuestras naciones y adónde queremos que lleguen.

La política en Colombia
Si hay algo tedioso y estúpido es la supuesta oposición entre la derecha y la izquierda en Colombia, a la que contribuye la falsa identificación con las corrientes ideológicas que en otras partes del mundo se designan con esos nombres. La historia del mundo en los últimos siglos es la del avance de la democracia y el constitucionalismo y el consecuente retroceso de los regímenes absolutistas y de exclusión. La izquierda en Latinoamérica, "modernidad inauténtica" la llamó Octavio Paz (aludía a la autoritaria izquierda mexicana, que no se distingue en nada esencial de las izquierdas de los demás países de la región), no es en absoluto un signo de avance en esa dirección sino de resistencia del viejo orden. La derecha, de la que el mismo poeta mexicano señaló que "no tiene ideas, sólo intereses" reemplaza las ideas con la nostalgia de un mundo perdido de hegemonía religiosa y esclavitud menos velada que la actual. La izquierda es la misma resistencia y en Colombia es claramente la opción de los grupos parasitarios herederos de la vieja sociedad. Como los pueblerinos que conciben a los de la comarca vecina, indistinguible de ellos para alguien de la capital, como sus opuestos absolutos, los derechistas e izquierdistas colombianos son idénticos pero no conciben nociones diferentes a su pequeño mundo.

Grandes líderes del siglo XX

Los líderes políticos de la periferia más reconocidos del siglo XX son Gandhi y Mandela. El primero por su "no violencia" que servía para resistir al Imperio británico (no me imagino a un Gandhi judío o polaco que se resistiera a la dominación nazi con la "no violencia": el mito es una falacia, descalifica injustamente a los que lucharon contra la opresión, como los que vencieron a Hitler, no precisamente rezando). Respecto a Mandela, su fama se basa en su enorme resistencia a la cárcel y a la injusticia esencial del régimen de Apartheid. Fuera de eso se olvida que fue condenado por actos terroristas y que su partido era una organización comunista cuyos líderes actuales amenazan con convertir a Sudáfrica en la nueva Rodhesia (país que pasó a llamarse Zimbabue y que de ser uno de los más ricos de África se convirtió en uno de los más pobres, gracias en parte a la educación).

Atatürk
Atatürk es desconocido y poco valorado. Nunca despertó la menor simpatía entre los británicos, a los que derrotó en la famosa batalla de Galípoli, y de los que en realidad liberó a Turquía tras la derrota en la Gran Guerra. El apellido por el que se lo conoce se lo puso muchos años después debido a que los turcos no tenían apellidos, como siguen haciendo los árabes (Husein no es el apellido de Sadam Husein sino el nombre de su padre). Mustafá Kemal era un militar con ideas occidentalizantes ya en la época otomana y cuando refundó Turquía dirigía una corriente llamada "kemalismo". El Estado que conocemos como Turquía es la obra del kemalismo y surgió sobre la base de conceptos modernos como el constitucionalismo o el principio de "soberanía nacional" ("la que reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos", según la definición que ofrecía la RAE y que desapareció del diccionario en 2014). La moderna Turquía surgió de las regiones de mayoría de población turca, para lo que hubo que promover traslados de población entre Grecia y Turquía.

Constitucionalismo
Todo el mundo musulmán se retrasó respecto a Occidente desde antes del Renacimiento. El Imperio otomano, a pesar de su expansión y poder, daba muestras de ese atraso y el reto que tenía Atatürk como líder nacional era romper con esas estructuras tradicionales. Y fue una ruptura drástica: la lengua turca se empezó a escribir con caracteres latinos, rompiendo con la tradición de la caligrafía árabe. El gobierno cerró las madrasas (escuelas coránicas), prohibió el velo en las mujeres, a las que concedió derecho de voto (mucho antes que los países sudamericanos) y reemplazó la ley islámica (sharía) por un código civil copiado del suizo, un código penal copiado del italiano y un código de comercio copiado del alemán. Un cambio verdaderamente modernizador que marcó la historia de Turquía durante todo el siglo XX y que hace que ese país sea profundamente distinto a sus vecinos musulmanes, algunos con grandes riquezas naturales o grandes atractivos turísticos.

RepúblicaEsta palabra como forma de gobierno de un país remite a la idea de que el soberano es el pueblo, si bien puede no ser democrática. Lo que define a la república es que por encima del gobierno está la ley. De ahí el interés de Atatürk por imponer una Constitución que "vertebrara" a su república. ¿Podría admitirse que Cuba o Venezuela son repúblicas? No lo son, son satrapías criminales. También Colombia, donde el presidente hace lo contrario de lo que prometió, desobedece el plebiscito que convoca y cambia las leyes cada vez que le conviene porque usa los recursos públicos para comprar, y así enriquecer, a los legisladores. Colombia es una pseudorrepública sometida a una casta antigua que se sostiene a punta de crímenes y opresión judicial. También fue Octavio Paz el que acertó en describir a las sociedades de ese tipo: patrimonialismo, el hecho de que el Estado y el país son la propiedad de las camarillas que siempre dominan a la sociedad. (Es característico el hecho de que los hijos de los políticos importantes sean hijos de políticos importantes, casi siempre emparentados entre ellos, de lo que es buen ejemplo Iván Duque, hijo del ministro que negó el peligro de Armero, que además fue gobernador de Antioquia en la gran época del cartel de Medellín y que terminó casado con una pariente de los Samper).

Reformas
De modo que seremos poquísimos los que planteemos reformas en la dirección en que las emprendió Atatürk: convertir a Colombia, un país de 50 millones de personas con vocación de potencia regional, en una nación moderna en la que impera la ley y se rompe con el pasado de esclavitud, parasitismo y barbarie (esto es, ausencia de ley). No es la izquierda ni la derecha ni menos el centro que está en la mitad, sino simplemente el mundo moderno contra la barbarie de la Colonia y la joven república de patanes inescrupulosos. Los aspectos más atroces de ese viejo orden los he explicado en muchísimas entradas de este blog, y son cosas que comparten la izquierda y la derecha colombianas:
  • La idea del "delito político" por el que hay actuaciones criminales que restan  penas de otras, un atavismo ligado a la idea de que los dueños de los esclavos podrían mandarlos a matarse sin riesgo de castigo para ellos. No sólo se debe excluir esa idea de la Constitución sino que todas las amnistías por hechos ocurridos desde el Frente Nacional deben ser revocadas. Reina el crimen porque no reina la ley, y la ley no reina porque los que encargan atrocidades cuentan con la garantía de quedar impunes (esto es, obran con alevosía, palabra que en el lenguaje popular colombiano tiene otro sentido).
  • El Imperio de la Ley es incuestionable: la constitución de 1991 fue una clara violación de la ley vigente y se hizo forzando la decisión de la gente por una parte mediante presiones de grupos de estudiantes y por otra mediante el terrorismo ligado al tráfico de cocaína. Su principal objeto, además de asegurar el control por la conjura ligada a los cubanos, era prohibir la extradición de los jefes del tráfico de cocaína. La participación de estos delincuentes se podría demostrar de muchas maneras. Además, la Asamblea Constituyente fue elegida por menos del 20% de los ciudadanos. Se debe castigar a todos los que participaron en esa infamia y se debe convocar una Constituyente legítima cuyos delegados sean todos elegidos y sea necesaria la participación de al menos la mitad del censo electoral.
  • Por lo anterior, los códigos y los contratos no son cuestionables por ningún juez y las tutelas por vulneración de derechos fundamentales sólo deberían ser resueltas por instancias judiciales superiores, demostrando que los códigos o los contratos efectivamente los vulneraran. Debería estar prohibido que los contribuyentes pagaran gastos que no correspondieran a otra ley. La acción de tutela existente es sencillamente la abolición de la ley, la impunidad para el que tiene un pariente en los juzgados y el señorío de unos funcionarios que son elegidos por las mismas organizaciones que controlan el tráfico de cocaína y otros negocios criminales.
  • La educación debería ser gratuita y obligatoria hasta un límite que no exceda el gasto como proporción del PIB que observan los países avanzados. Eso significaría cerrar todas las universidades públicas y garantizar a un porcentaje pequeño de los que mejores resultados tengan en la educación básica o secundaria créditos blandos con aval público. NADA asegura más la continuidad de la barbarie que la dedicación de grandes energías a producir diplomas que no significan nada para un país que no produce nada aparte de materias primas y productos ilegales. La igualdad entre los ciudadanos no se garantiza dedicando esfuerzos a mantener a las clientelas del viejo orden para que parasiten a la mayoría. La educación superior pública es la principal causa de la miseria y el atraso, de las bandas terroristas (que son sólo el movimiento estudiantil de toda la vida) y de la ignorancia generalizada.
Son sólo reformas básicas, podría haber muchas más. Quien las suscriba (cuantos menos seamos, más honra) tendrá en contra por igual a la izquierda y a la derecha, al petrismo y al uribismo (son idénticos, ambos prometen diplomas para todos como en Cuba y Venezuela). Pero que se sepa que eso es el mundo moderno, que el comunismo de los jesuitas es el pariente del confesionalismo tradicionalista de las demás órdenes y no su opuesto.

25 mar. 2018

"El No es un Sí a la paz, pero con justicia"

Por @ruiz_senior

La forma en que los colombianos asumieron las actuaciones del gobierno de Santos dice mucho de la idiosincrasia del país y de la sociedad resultante. ¿Qué opinaban de la negociación con las FARC? Vale la pena detenerse a pensarlo. Porque el cálculo de Santos y sus mentores cubanos era que la gente aceptaría la negociación y su resultado por miedo a ver multiplicadas las acciones terroristas, miedo que se compensaba con la obsesiva labor de propaganda intimidatoria, para lo que había recursos suficientes.

La idiosincrasia es de todos modos lo decisivo, porque la mayoría de los ciudadanos no reaccionó enérgicamente ante el evidente concierto para delinquir en que consistía la tal paz. Tampoco se opusieron los seguidores de Uribe, que sólo esperaban tener un presidente vitalicio y estar unidos "pa' las que sea". Trataron, eso sí, de aportar sus matices y en lugar de decir que no había ninguna guerra que no hubiera en cualquier lugar en el que floreciera el crimen organizado, aplaudieron la paz pero procurando "mejorarla" con arandelas como "sin impunidad".

Pero Santos confiaba demasiado en su lógica y en su máquina de persuasión, de modo que buscó confirmar su infamia con un plebiscito. Dado que sería una victoria de Santos, los uribistas se opusieron y prefirieron buscar el entendimiento con las FARC, incluso ofreciéndoles una Constituyente. Cuando no pudieron impedir el plebiscito, dudaron entre plantear la abstención, con la que nunca perderían, o arriesgarse a quedar en minoría (para no perder apoyos de gente descontenta) pidiendo votar por el No. Lo hicieron presentando toda clase de excusas: no querían ser obstáculo para la paz.

Pero el día de las votaciones la gente prefirió rechazar el acuerdo, y curiosamente los que no querían el plebiscito se volvieron los "voceros" de la causa en que no creían. El día siguiente al de la votación El Espectador publicó una entrevista al senador elegido mejor senador por los "enmermelados" y por la revista Semana por esas fechas. Desde entonces los medios andan promoviéndolo. Vale la pena prestar atención a sus respuestas.

El uribismo es una rama del narcorrégimen, nada lo separa realmente del santismo (salvo los sueños del gran timonel de volver a la presidencia), por eso es normal que ahora todos los uribistas aplaudan la paz. Antes tenían que cambiar de opinión con demasiada frecuencia.

El titular de la entrevista es el mismo que he usado para nombrar esta entrada.
¿Lo sorprendieron los resultados del plebiscito?
Yo tenía un pálpito silencioso. Nunca me quise casar con un resultado, pero sabía que el No estaba creciendo silenciosamente. Estos resultados hay que tomarlos pensando en lo mejor para el país. 
Usted, junto a Carlos Holmes Trujillo y Óscar Iván Zuluaga, han dicho que es hora de escuchar sus razones, ¿cuáles son?

Hemos hecho una enumeración detallada y extensa a lo largo de este proceso, con respecto a los temas que a nuestro juicio y de acuerdo con la Constitución y los tratados nos preocupan, como el de la impunidad en los acuerdos y la estructura del aparato judicial contenido en ellos, así como las amnistías de delitos graves. Estos temas ameritan que el país nos escuche, porque durante estos años no se quiso escuchar a una parte importante del pueblo colombiano.
¿Recuerdan cuál era la pregunta del plebiscito? El hombre de Santos está desde el primer día en su labor de matizar los acuerdos y de matizar el rechazo a los acuerdos. Por ninguna parte se encuentra la idea de que los acuerdos no son válidos porque ganó el no ni mucho menos que la negociación era un concierto para delinquir y lavar los activos del crimen.
¿Qué es lo que se debería renegociar en los acuerdos de paz?
Más que renegociación, hemos hablado en términos correctivos sobre los acuerdos. Lo hemos planteado a través de canales institucionales, para que por esa vía se escuche la voz del pueblo. Se han hecho observaciones sobre el tema de justicia, sobre temas puntuales del capítulo de desarrollo rural integral, sobre el punto de drogas. Ahora tenemos que sentarnos con el Gobierno, que escuche nuestras posturas y buscar un acuerdo.
¿De dónde saca el entrevistador lo de "renegociar"? Tal vez fuera una ocurrencia para salvar los muebles, el caso es que Duque se apresura a negar que vaya a plantearse renegociar nada, sólo corregir los acuerdos, para lo cual tienen que reunirse con ellos. La pregunta del plebiscito no importa, ni menos los votos de la gente que no acepta que se negocien las leyes con los criminales, sin más explicaciones se pasa de la idea de que ellos habían rechazado los acuerdos a que la gente los eligió para representarla. ¿De dónde sacan eso? Del interés del gobierno de salvar su componenda gracias al auxilio de sus falsos enemigos.

Todas las desgracias de los colombianos proceden de que son mayoritariamente viles. Baste pensar en los que razonaron que el acuerdo no valía porque la mayoría de los votantes lo había rechazado, en cuanto les pareció que su bando podía ganar la elección, unánimemente, pasaron a aceptar que el acuerdo vale y sólo le hacen falta algunas correcciones. Y se escandalizan cuando uno dice que Duque es el candidato de Santos, como si el apoyo explícito de todos los medios, ahora hasta think tanks como Diálogo Interamericano, fuera casual: se volvieron tontos de repente y no tuvieron más remedio que rendirse. La mala fe es la esencia del colombiano y el genocidio que continuarán los comunistas, mucho más poderosos ahora, será en buena medida merecido.
¿Qué expectativas tiene sobre ese diálogo con el Gobierno?
Lo primero es que se puedan abrir canales de diálogo. Lo segundo, que logremos escucharnos. Tercero, encontrar el camino institucional. Con esas tres medidas, empezamos a darle al país espacio para la aceptación de este gran acuerdo.
La cursiva es mía. No incluir a los uribistas en el crimen organizado, en el narcorrégimen, es pura mala fe. No están para oponerse al acuerdo sino para buscar que el país lo acepte. Lo interpretarán como quieran.
¿Ustedes no pudieron hacer oír sus observaciones durante el proceso de negociación? 
A lo largo del proceso nunca se permitió que nuestras posturas fueran tenidas en cuenta para la construcción de los acuerdos. Cuando tuvimos reuniones, fueron cordiales, pero nuestras sugerencias o posturas siempre eran rechazadas, con el argumento de que ya estaban negociadas, incluso antes de que los acuerdos fueran publicados. Este domingo, Colombia se pronunció y ese pronunciamiento obedece a que el pueblo no se sintió escuchado. Por eso ahora es importante la convocatoria de este gran acuerdo nacional, para que sobre esa base podamos hacer los correctivos a los acuerdos, para que reflejen a la integralidad del pueblo colombiano.
De nuevo, pasando por encima de la pregunta del plebiscito e interpretando lo que le conviene a Santos: salvar el acuerdo recibiendo los matices de los supuestos voceros del No.
¿Qué significa el voto por el No?
El No es un Sí a la paz, pero con justicia. A una paz donde no haya graves elementos de impunidad. A una paz que tenga mejores instrumentos efectivos para la reparación de las víctimas, donde no se premien conductas que son censurables y que le permita al país fortalecer su estructura institucional.
Con las palabras que usan los colombianos siempre es necesario detenerse a analizarlas. ¿Qué es "paz"? En el contexto de esa entrevista no puede ser otra cosa que "negociación de paz", porque ¿acaso alguien ha emprendido una guerra contra los criminales? El No al resultado de la negociación de paz es un Sí a la negociación de paz, dado que el intérprete de la angustia popular juega con la semántica. ¿Qué fue lo que negociaron los "voceros del no"? No ha cambiado nada, la gente votó No pero el resultado es el mismo que si hubiera votado Sí. Sencillamente porque el uribismo entendió, según su conveniencia, que quería decir Sí. Lo de que "se premien conductas que son censurables" es francamente chistoso. La premisa de la negociación de paz es el reconocimiento a los terroristas, su actuación no es censurable salvo en ciertas conductas. Genial.
¿Y la desmovilización y desarme de las Farc?
Siempre hemos dicho que la desmovilización, desarme y reinserción son políticas de Estado, que vienen desde hace varios gobiernos y le han permitido al país una desmovilización ejemplarizante de muchísimas personas. Fueron cerca de 18 mil miembros de las Farc los que se desmovilizaron entre 2002 y 2010 voluntariamente.
¿Se entiende? Las deserciones incentivadas de miembros de la banda durante el gobierno de Uribe forma parte del mismo proyecto que concluye Santos con su negociación. ¿Es o no lo que dice?
¿El voto por el No es el triunfo absoluto de Álvaro Uribe?
Esto hay que tomarlo con grandeza, es un pronunciamiento auténtico del pueblo. No es de Santos y Uribe. El resultado nos hace un llamado a hacer correctivos y generar consensos. Es una oportunidad que se abre para un gran acuerdo nacional y para corregir uno de los grandes errores de este proceso, que fue haber dejado por fuera a millones de colombianos.
"Tomarlo con grandeza" quiere decir "minimizar la derrota del gobierno". No hay que entender que se dijo No a la pregunta "¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". Nada de eso, era un llamado a hacer correctivos. La complicidad con el uribismo es complicidad con el gobierno narcoterrorista. Que nadie se engañe. Duque es el candidato de Santos.

17 mar. 2018

La tarea de Iván Duque

Por @ruiz_senior

Balance de ocho años
Ya le quedan pocos meses al gobierno de Santos y resultaría muy difícil sostener que hizo otra cosa que integrar a Colombia en el narcoimperio cubano, en aplicación de un designio que tenía desde mucho antes de ser candidato presidencial y que era manifiesto en la carrera de su hermano mayor y en la trayectoria del clan oligárquico que durante casi un siglo ha controlado el Partido Liberal, y a través de éste el país. Las Fuerzas Armadas y la Policía ya están controladas por agentes del G2 y la sociedad está sometida a la persecución potencial de la Jurisdicción Especial para la Paz, nombrada por el gobierno afín a los terroristas y por estos mismos. Eso por no hablar del control de los demás resortes del poder, como los medios de comunicación, la educación, el poder judicial, la función pública, etc. Todo está preparado para el lavado de cerebro que anunciaba Humberto de la Calle (todos los miembros de la "Comisión de la Verdad" tienen trayectoria como activistas de la trama civil del narcoterrorismo) y la expansión del control cubano, que son la fase siguiente a "la paz".

Si se piensa en los demás aspectos de la gestión de Santos, la cosa es verdaderamente estremecedora: la mayor bonanza económica de la historia se gastó en propaganda del gobierno y en compra de conciencias a favor de su plan, Colombia tiene hoy muchísima más corrupción que en 2010, muchísima más deuda pública, muchísimas más hectáreas dedicadas a la cocaína y un crecimiento económico mucho menor, a pesar de que la crisis mundial de 2008 quedó atrás hace tiempo.

Mayorías
Pero los agentes cubanos no tienen verdadero respaldo social, a pesar del control absoluto de los medios de propaganda (entre los que el principal es la "educación"). El único sector en el que son mayoritarios los que están a favor de los narcoterroristas es la función pública, lo cual corresponde sencillamente al orden tradicional de la sociedad. Eso determina que sea imposible tanto plantear la continuidad de Santos, cuya popularidad es bajísima, o de un partido con el que tenga alguna afinidad ideológica, como buscar el ascenso de una oposición controlada enteramente por los cubanos, porque la causa del descontento con Santos es precisamente que le entregó el país a las FARC.

En esas circunstancias, la continuidad del plan que Santos aplicó en su gobierno estaría en peligro, por lo que optó por seguir el dicho que predica "Si no puedes con tu enemigo únete a él". Pero eso en que los cubanos son más débiles que su enemigo no es el poder, que ya controlan y que incluso controlaban durante los gobiernos de Uribe, sino la opinión, mayoritariamente hostil. De modo que ante la carencia de alternativas optaron por dejar ganar las elecciones presidenciales al partido de Uribe, para lo cual le impusieron al candidato y también el programa.

Como esto nunca será aceptado por los uribistas, cuya honradez intelectual es del mismo nivel que la de los seguidores de Petro, invito al lector a pensar una cosa respecto del candidato. ¿Es tan complicado entender que la revista cuyos columnistas fijos son Duzán, Caballero, Coronel, Valencia y Samper Ospina no va a nombrar modelo de líder en 2016 a un enemigo? TODAS las informaciones que aparecen en esos medios sobre Duque son amables y casi siempre claramente elogiosas. Lo mismo ocurre en el diario madrileño El País, que hace sin el menor rubor propaganda de los narcoterroristas. Duque es curiosamente lo contrario de Uribe para todos esos medios. En un programa de televisión de Vladdo (del que aparecen extractos en este video nuestro) se pasa directamente de la más brutal calumnia a Uribe al más zalamero elogio a Duque. ¿Cómo es que no lo ven? Con los colombianos pasa algo fascinante, que es el placer de la mala fe. Dado que mentir sirve a veces para prosperar, se vuelve algo grato aunque no se gane nada.

Los posibles rivales de Santos sufrieron persecución judicial inmisericorde, desde que en 2007 alguien empezó a pensar en la sucesión de Uribe y aparecieron los falsos testigos de desapariciones en el Palacio de Justicia, con lo que tuvieron secuestrado ocho años a Plazas Vega, hasta el increíble montaje del hacker Sepúlveda contra Zuluaga. Pero Duque es unánimemente elogiado por los medios. Insisto, tanta mala fe de los "crédulos" es más siniestra que la perversidad del narcorrégimen.

Y respecto de la actuación política se podría decir lo mismo: ¿qué pensaba hace cinco años la gente que suele votar por Uribe o por candidatos de derecha sobre el proceso de paz? Yo diría que algo ha cambiado, que ahora están resignados a aceptar lo que se negoció en La Habana porque no ven salida, es decir, las salidas que ven son espeluznantes (no estar en el grupo y tener que admitir que gracias a su pasividad y a su lealtad a Uribe ya se impusieron los criminales). Entonces se aferran a la ilusión más absurda, como quien agarra un clavo ardiendo para no caer al abismo: ¡a lo mejor Duque no es tan de extremo centro como dice y resulta conteniendo la caída! ¡A lo mejor sus bravuconadas con las FARC no quieren decir que acepta lo negociado y sólo se resiste a darles más! Bueno, quizá todo es "estrategia", y lo importante es seguir unidos.

Por otra parte, todo el mundo tiene unos referentes de personas a las que admira o al menos en las que confía. Esas personas "prominentes" en muchísimos casos esperan nombramientos tras el triunfo de Duque y por eso están dispuestas a reconocerle méritos a la paz y en todo caso no quieren ser molestas para el liderazgo de su partido ni ser asociadas con los extremistas de derecha que rechazan el acuerdo. (Al respecto, esa idea de que rechazar el acuerdo es de derecha es MONSTRUOSA: en ningún país europeo ocurriría que unos sociópatas que han cometido miles de crímenes atroces dominarían un país con el apoyo de ningún partido de izquierda. Y lo más monstruoso es que es verdad, los críticos del acuerdo son prácticamente sólo personas de ideología ultraconservadora, tradicionalistas, integristas católicos y divulgadores de teorías de conspiración.)

El ciclo completo
Hace unos años publiqué una serie de entradas de este blog sobre el ciclo que Santos cierra y que comienza con la fundación de las guerrillas comunistas (entre 1964 y 1974) y cuyo punto central es la Constitución de 1991. En realidad lo que viene con Duque es la continuación de ese plan, él mismo se proclama el defensor de esa constitución. Hace unos años eso lo decían los del Polo Democrático. Bueno, la negociación con los terroristas fue lo que abrió el camino de esa constitución, y también es un mandato explícito en ella. A partir de esa constitución el poder judicial pasó a manos de los cubanos. La paz de Santos es sólo el segundo plazo de la entrega, y aun queda la paz con el ELN, para lo que da lo mismo lo que haga Duque: podría no negociar y así renacería el conflicto y la demanda de negociación, o bien negociar cediendo aún más, nobleza obliga, y abriendo el camino a su muy probable sucesor: Iván Cepeda.

Realmente no hay casi nadie a quien le interese cambiar esa constitución. Hay un consenso entre los colombianos según el cual una constituyente es como meter todo en una mezcladora sin saber qué va a salir, cosa muy extraña porque hace pensar que ninguno puede concebir una ley fundamental copiada de la de los países civilizados y basada en la experiencia de las constituciones previas, a la que podrían apoyar los ciudadanos que valoran la democracia. Ni siquiera les importa que el engendro del 91 se hiciera violando la ley ni que los constituyentes fueran elegidos por menos del 20% del censo electoral. De nuevo, los únicos críticos posibles son los radicales de derecha descritos arriba.

Perspectivas inmediatas

En resumen, es muy improbable que Duque no gane la presidencia. Incluso hay quien dice que podría ganarla sin necesidad de segunda vuelta. Pero en el peor de los casos, ¿cuál sería su rival? Petro es un demagogo más tosco y despreciable que Maduro y genera unas resistencias que llevarían a las mayorías a votar en su contra. Vargas Lleras probablemente no quedará segundo en la primera vuelta, pero incluso si lo consiguiera tendría que hacer frente a la suma de uribistas y conservadores y a las maquinarias del gobierno, sin ninguna esperanza de que los antiguos votantes de Petro o de Fajardo lo apoyaran.

De modo que se puede dar a Duque por elegido. Hay un claro consenso de los medios y la oposición. ¿Cómo será su gobierno? Al respecto él no se esconde ni engaña: extremo centro, nombrará a los uribistas menos conflictivos con el gobierno y gastará en propaganda de su economía naranja, proeza que después se demostrará ineficaz como todo lo que se hace para mejorar la economía desde la inversión pública. A nadie se le impide desarrollar patentes o crear obras de alto vuelo, y si Colombia tiene ciertos logros en las industrias culturales, como el éxito de ciertas figuras del show business, no es gracias a la inversión estatal. Pero todo es hacer alguna propaganda y disfrutar del poder.

Porque las cosas importantes que ocurrirán durante el gobierno de Duque no dependen de lo que haga el ejecutivo, cuya única opción es la pasividad frente al desarrollo del acuerdo de La Habana, con la JEP y los resultados de la Comisión de la Verdad, que es abiertamente un órgano de las FARC. Ésa es su tarea. eso será su gobierno, no algo que se pueda atribuir a su actuación como presidente sino algo que ya hizo su partido, que fue aceptar la negociación y su resultado y aun antes del CD, durante los gobiernos de Uribe, no querer reformar la Constitución de 1991. Pero tampoco es algo que se deba atribuir a Duque ni a Uribe ni a su partido: los colombianos aceptaron esa infamia. Lo pagarán, y lo pagarán sus hijos.

30 ene. 2018

El engaño de la paz

Por Jaime Castro Ramírez

Las circunstancias dentro de las cuales convive la humanidad son disímiles, y en ocasiones contradictorias, aunque ese perfil de contradicciones obviamente es generado por actuaciones erróneas o engañosas de los mismos humanos en el transcurrir del tiempo donde se tienen que tomar definiciones de coexistencia. Sin embargo, existen eventos que debieran ser muy puntuales y justos en su interpretación y desarrollo, es decir, en su realidad objetiva, como por ejemplo el tema de la paz que exige el rigor de unos elementos indispensables que son: verdad, justicia, reparación y no repetición; pues si no se observan estas exigencias mínimas, simplemente no se llega a la paz sino a un escenario de retórica enmarcado dentro de un contexto de engaño. Cuando esto ocurre, el resultado es la generación de más violencia.

La negación de la paz de Santos-Farc
Se suele decir que ‘lo que mal empieza mal termina’. El presidente Santos cometió los siguientes errores respecto a su trato con las Farc:

1. Empezó mal desde la campaña a la presidencia en 2010 por no informarles a los colombianos que pretendía entablar conversaciones con ese grupo terrorista.

2. Luego que fue elegido presidente, en septiembre de 2010 les envió una ‘carta secreta’ (después las mismas Farc le develaron el secreto a Santos) donde les decía que estaba de acuerdo con ellos y que estaba listo para que hablaran.

3. De nuevo en secreto empezó contactos en la Habana y a los colombianos les negaba diciéndoles que eso no era cierto, hasta que fue descubierto.

4. Durante cinco años que duraron las conversaciones les hizo a las Farc toda clase de concesiones empoderándolos a ellos en todo sentido y debilitando al Estado y a sus instituciones, pues en esos diálogos solo las Farc ponían condiciones y Santos aceptaba, razón por la cual los colombianos saben que se trató simplemente de la claudicación y entrega del país utilizando el nombre de paz. Cosas tan delicadas, entre otras, como por ejemplo, aceptarles a las Farc el narcotráfico como conexo al delito político, esto generó impunidad al mayor lavado de activos de que se tenga noticia, lo mismo que muy grave aceptarles impunidad por los delitos de lesa humanidad, y por si faltaba, decidió premiarlos concediéndoles elegibilidad política. Por lo anterior, no habrá justicia, ni verdad, ni reparación a las víctimas por parte de las Farc.

5. Ante las protestas de la gente por lo que se sabía que estaba pasando en Cuba a favor de las Farc y en contra de Colombia, Santos decidió algo también muy grave: dividió el país, según él, entre “amigos y enemigos de la paz”.

6. Para la implementación del acuerdo que firmó con las Farc, sometió al congreso de la república a través de la mermelada a la tal ‘unidad nacional’ para que le aprobaran poderes habilitantes para legislar vía decreto, y que el congreso se limitara a aprobar de inmediato lo que él le enviara.

7. Ubicó sus fichas en la corte constitucional para que le aprobaran todo lo que allá llegara sobre la implementación del acuerdo.

8. Y cometió un error histórico de la mayor gravedad: robarse el plebiscito donde el mandato del pueblo en las urnas le dijo NO al acuerdo Santos-Farc.

Esta serie de errores en lo que el gobierno llamó proceso de paz, no podían traer la paz a los colombianos, pues como consecuencia lo que se ha seguido viendo es violencia, terrorismo, y el país se llenó de coca, narcotráfico, y microtráfico.

La paz solo existe en la retórica engañosa de Santos, lo que indica engaño al país y al mundo, pues en base a ese engaño de paz fue como consiguió que le dieran un Premio Nobel, premio que obviamente no merecía.

18 ene. 2018

Colombia en 2018, confusión y oportunidades

Por @ruiz_senior


Las elecciones que se celebrarán este año y el complejo entorno internacional dan lugar a una gran incertidumbre. Los planes de implantar la tiranía en Colombia se complican tras el triunfo de Trump y el NO del plebiscito de 2016, y más con la crisis venezolana y la caída de algunos satélites del régimen de La Habana en Sudamérica.

Es decir, hay una oportunidad para deshacer la obra de Santos y el narcorrégimen: una cantidad suficiente de ciudadanos descontentos, una economía en crisis evidente, un desprestigio rotundo del presidente saliente y una corriente global de hastío con el socialismo del siglo XXI y sus consecuencias.

A pesar de la formidable operación de maquillaje que llevan a cabo los medios de comunicación y de la adhesión de todas las instancias del poder, particularmente de las clases altas, hay una realidad que no pueden ocultar: el proceso de paz es simplemente la abolición de la democracia. El Congreso que legislará en los próximos años no es representativo de la voluntad popular porque en gran medida fue impuesto en una componenda perversa con criminales, y las campañas electorales estarán viciadas por el sesgo evidente de las instituciones y por la influencia del dinero del tráfico de cocaína, negocio que ha aumentado hasta niveles nunca vistos gracias a "la paz".

Pero una movilización cívica para enderezar el rumbo del país es altamente improbable. La obstaculiza la hegemonía de Uribe y su partido entre los descontentos. De forma explícita el expresidente y su sanedrín intentan acomodarse al nuevo orden impuesto por Santos y los terroristas y acallar cualquier discusión sobre la validez del acuerdo final. El colmo de esa actitud fue la manifestación del 1 de abril de 2017, convocada para rechazar el acuerdo de La Habana pero interpretada como protesta antigubernamental, "contra la corrupción", etc.

Los sectores descontentos cometen un suicidio al apoyar a ese partido, que propone unas vagas "modificaciones" al acuerdo y en absoluto se plantea negar sus efectos. Pero aun siendo conscientes de la necesidad de acabar con el acuerdo prefieren "la unidad" por miedo a quedar aislados en una minoría o a ser descritos como "extrema derecha".

Pero no sólo entre los conformistas es grave la confusión: no hay quien se plantee que el acuerdo es el fin de la democracia, sino que los críticos con el uribismo sólo exigen políticas "de derecha". Esto simplemente quiere decir que no reivindican la ley ni los valores comunes a los demócratas de cualquier parte, sino que aprovechan la ilegitimidad del golpe de Estado de Santos y su componenda con los criminales para llevar el agua a su molino y promover su agenda, llena de elementos sectarios.

Al respecto es muy llamativa la campaña del ex procurador Alejandro Ordóñez, en la que hay muchas más alusiones a la defensa de la familia que al acuerdo de La Habana. Los valores y las creencias del señor Ordóñez son bien conocidos, pero si espera ser el candidato de los sectores más resueltamente tradicionalistas es poco probable que pase a segunda vuelta. Si quiere formar una mayoría y ganarle las elecciones al narcorrégimen, que cuenta con recursos formidables, lo peor que puede hacer es ahuyentar a los votantes que no comparten todas sus convicciones.

En otras palabras, si las elecciones no se plantean como un segundo plebiscito sobre "la paz" y el triunfo de los terroristas, sencillamente ninguna candidatura de oposición tiene futuro. Parece que el señor Ordóñez y quienes lo acompañan no quieren entender que la "guerra cultural" entre el libertinaje y la inquisición, entre la izquierda y la derecha, es lo que quieren los narcoterroristas para legitimarse y cubrir sus crímenes. Las cabecitas de los sectarios pretenden que las masacres, violaciones, secuestros, torturas, mutilaciones, desplazamientos, extorsiones, robos y demás son sólo la sombra de la ideología izquierdista. Para los criminales es el mejor regalo. Y ciertamente en una elección así ganarían.

La mayoría de esos sectarios se han mantenido fieles a Uribe durante todos estos años y ha sido el ascenso de Iván Duque lo que los ha soliviantado. Es decir, no les ha molestado la complicidad de Uribe y el uribismo con "la paz" (explícita, directa y cínica), sólo el vago "progresismo" de Duque (manifiesto en su tolerancia con las uniones de personas del mismo sexo) y su supuesto socialismo. Es una constante en Colombia y recuerda el comienzo de la Guerra Civil Española, cuando verdaderos demócratas y republicanos casi no había.

Con el socialismo en general, y con el que se atribuye a Uribe y al CD en particular, pasa lo mismo que con la "guerra cultural": las evaluaciones rectas de las cosas se suplantan con el fetiche de la ideología. No es raro leer que la socialdemocracia es sólo la fachada del comunismo: da lo mismo que en Europa occidental todos los países que han tenido gobiernos socialdemócratas han tenido después gobiernos de derecha que ganan las elecciones o que todas las libertades y derechos se han respetado, o que la mayoría de los que encabezan la lista de países con mayor desarrollo humano (y también en los de mayor renta per cápita si se excluyen países pequeñísimos con riqueza petrolera o paraísos fiscales) hayan tenido gobiernos socialdemócratas... Da lo mismo, el socialismo es simplemente el bando de Belcebú y no hay ninguna posibilidad de salvación de otro modo que combatiéndolo.

Y presentar al crimen organizado como "socialismo" es el mejor regalo que se le puede hacer.

Respecto a Uribe, en términos generales su gestión económica fue correcta y generó el mayor crecimiento del país en muchas décadas. Si se presenta como socialdemócrata no es porque ésas sean sus convicciones (más próximas a la plutocracia) sino porque le conviene para hacerse popular. La extrema desigualdad del país y la falta de información, sumadas a la propaganda, hacen que "socialista" se entienda por "buena persona" (es increíble la cantidad de gente que le reprocha a los chavistas que se rodeen de lujos y a la vez se proclamen "socialistas"; no se les puede explicar que se puede ser socialista y a la vez rico y ostentoso).

Como ya he explicado en otras entradas de este blog, la ideología reemplaza a la defensa de la verdad, la racionalidad, el sentido común, la democracia, la ley, la equidad, la libertad individual y los derechos humanos. Además de que los derechistas son muy distintos unos de otros, en las cuestiones principales opinan lo mismo que los izquierdistas: no encuentran monstruosa la "acción de tutela" ni el gasto en universidades públicas, y hace poco he descubierto que tampoco la atrocidad del "delito político" (por el que el reo de rebelión ve reducidas las penas por asesinatos y otros crímenes). Pero también en cuestiones económicas coinciden: nunca les parece urgentes suprimir los tributos singulares (como el 4 X 1000 o la parafiscalidad), ni tampoco reducir los privilegios escandalosos de los funcionarios. Son pocos los que se plantean reducir el gasto público, y la patochada de la economía naranja es de hecho  una ocurrencia para aumentarlo.

Apremiados por la necesidad de "cambiar de tema" para no pillarse los dedos con "la paz", Uribe y su partido buscan argumentos para la demagogia. Al mismo tiempo prometen aumentar el gasto y rebajar los impuestos. Pero Ordóñez no se queda atrás: sale a oponerse a los planes de retrasar la edad de jubilación, quizá porque espera obtener votos entre la gente que pronto se va a retirar. La cuestión clave, la de la equidad, no interesa a nadie: no sólo hace falta retrasar gradualmente la edad de jubilación, sino sobre todo impedir que haya privilegiados que empiezan a cobrar pensión antes que otros (salvo casos de problemas de salud). Esos privilegiados son en esencia la clientela del narcoterrorismo, los funcionarios protegidos por sindicatos abiertamente relacionados con las bandas coumnistas, cuyas inicuas ventajas no fueron tocadas durante los gobiernos de Uribe.

Ordóñez no sólo ahuyenta a los discrepantes en cuestiones culturales (ideológicas y morales) que podrían apoyarlo como única respuesta a la abolición de la democracia, sino que por otra parte se muestra temeroso de ir por su cuenta sin el apoyo de Uribe. Para eso insiste en la unidad de los partidarios del NO, como pasando por alto que el Centro Democrático renunció desde el principio a defender esa causa. Por una parte, deja ver la vieja manía de depender de Uribe y presuponer que la gente votará por quien él diga, por la otra, como resultado de lo anterior, exhibe la torpe astucia de evitar que lo acusen de dividir un bando de oposición cuyo enfoque es bastante turbio. Ordóñez exige una consulta popular como si olvidara que en caso de celebrarse en todo caso la perdería, bien porque son mayoría los que se pondrían de parte de Uribe, bien porque el régimen llevaría a votar a sus clientelas por Duque (con el que muestran los medios de comunicación una extrema benevolencia, tanta que asusta pensar que realmente sea el continuador previsto de Santos, con cuyo triunfo desactivarían a la oposición).

Todavía hay muchos candidatos y es difícil saber cuál pasará a segunda vuelta. Si se mantienen igualados los de la cocaína, lo más probable es que forjen nuevas alianzas, de modo que la cuestión clave es quién representará a la derecha u oposición. Si Duque, Pinzón y Vargas Lleras llegan a la primera vuelta, se abre una posibilidad para un candidato de verdadera oposición. ¿Quiere serlo el señor Ordóñez? En mi opinión debe renunciar a la coalición con el uribismo, mostrar el máximo de firmeza en la determinación de revocar los acuerdos de La Habana y presentarse como el defensor de la ley y la democracia. No tiene sentido replicar que todos lo hacen, ya que es fácil demostrar que en la realidad al mando está el crimen organizado y desvelar en la propaganda de los demás candidatos los diversos engaños que usan para favorecerlo.

Ordóñez puede pasar a segunda vuelta con menos del 20% de los votos, pero para eso debe dejar en paz a "la familia" (causa que se percibe como intolerancia con los estilos de vida alternativos) y cesar en las proclamas ideológicas y religiosas. Los godos muy godos de todos modos votarán por él, pero no son tantos. Y los que no quieren vivir en una tiranía como Cuba o Venezuela sí son mayoría, pero nadie les advierte de la inminencia del peligro.

Sé muy bien que no me harán el menor caso, pero haría mal callando sobre algo que me parece obvio. Es decir, no "propongo" nada a quienes se mantienen sordos, sólo explico por qué fracasarán.

9 ene. 2018

El engaño del uribismo

Por @ruiz_senior

Muchas veces he asegurado en Twitter que no creo que el candidato uribista pase a segunda vuelta. La razón de ese aserto es ésta: la negociación de paz es para la mayoría de los probables votantes descontentos ilícita y fue invalidada por el plebiscito. El partido Centro Democrático no opuso resistencia a la implantación ilegal del acuerdo y para no provocar la indignación de sus votantes vive engañándolos continuamente con lloriqueos y bravuconadas que simplemente agravan el lío en que está metido. No sólo los "duquistas" sino todos los militantes y candidatos del CD, pues a fin de cuentas la única seña de identidad clara de ese partido es la adhesión a Uribe, que fue el líder que prometió no revocar los acuerdos y el que impuso a Duque por motivos oscuros, seguramente obligado por agentes externos.

Me llamó la atención que, con ocasión del escándalo porque Uribe llamó "violador de niños" a Samper Ospina, el precandidato Duque se sumara a los acosadores. Eso se puede explicar por sus nexos familiares con los Samper, pero le resultaría altamente inconveniente si Uribe pudiera decidir: podría optar por apoyar por ejemplo a Nieto Loaiza, el preferido de los militantes de su partido más dispuestos a la resistencia contra el régimen. Las sombras de división y descontento se habrían esfumado. ¿Por qué Duque se permitía tanta "independencia"? Porque sabía que Uribe tendría que hacerlo candidato de todos modos. De ahí que ante la evidente perspectiva de éxito de Nieto la dirección del partido renunciara a los procedimientos convencionales (valga el juego de palabras con dos acepciones distintas de "convención") y optara por una patochada en la que sólo la mala fe consustancial a los colombianos permite no ver el interés de burlar la voluntad de los militantes.

¿Qué obliga a Uribe a optar por un candidato impopular entre los suyos y casi indistinguible de los rivales que podrían disputarle el voto, como Vargas Lleras, Pinzón o el mismo Fajardo? No será la genialidad de la economía naranja con la que se descubre el agua tibia (que es mejor crear las patentes que hacer la parte peor pagada del trabajo) y se encuentra el modo de enriquecer a las camarillas de siempre (no otra cosa son las universidades, centros en los que prosperan los mediocres gracias a que la gente cree que basta adquirir títulos profesionales para tener desarrollo. Muchas decenas de millones de titulados al sur del río Grande producen miles de veces menos patentes que pocos millones de japoneses). No, Uribe es un patán (baste recordar la cita absurda de Marx que publicó en su cuenta de Twitter) pero no es tan tonto como para "comprar" esa genialidad. Sencillamente, puede ser rehén del hampa judicial. (Aunque a veces pienso que puede serlo alguien de la camarilla que lo rodea y que lo persuade para que no haga oposición, pues ocurre desde 2010 y puede que aun antes. Puede que la designación de Santos y el intento de seguir en la presidencia, siendo tan previsible la respuesta de la Corte Constitucional, no fueran errores sino parte de un libreto impuesto por alguien.) O puede ser tan ciego en sus cálculos que siempre ha visto imposible frenar el atraco de la paz. Por eso su partido no quería el plebiscito, por estar seguro de perderlo. Ni aludió a la paz en cinco elecciones, para que no lo describieran como causante de la guerra. Tal vez sea ocioso decidir si se trata de indigencia moral e intelectual o de sumisión a un chantaje del hampa, baste con saber que uno está en otra disposición.

De un modo u otro, el CD no representa más que a los que aman a Uribe. Por muchas protestas que manifiesten sobre la complicidad de Santos con el terrorismo, no es posible que ninguna persona honrada no se dé cuenta de que su interés es asimilarse al nuevo orden y no destruirlo.

Todo esto como preludio a una polémica reciente. El candidato Iván Duque publicó una serie de tuits centrados en esa idea de encarnar la oposición a Santos y a las FARC encubriendo la cuestión de la validez del acuerdo (no me gusta nada lo de "trinos" por mucho que lo valore Pérez Reverte y corresponda al tweet del inglés; en español se ha usado trino como la voz de un poeta y también como frase o idea poética, llamar así a las habladurías y eructos de la red de chateo suena a sacrilegio). Los tuits de Duque tienen como elemento común el tag #NoMásConejo y los copio todos para que no se piense que busco malinterpretar al candidato.  

Tanto las sentencias de la Corte como las decisiones del Congreso asumen como lícita la negociación y válida la desobediencia al constituyente primario que dio su mandato en el plebiscito. Aquello en que las FARC piden a Santos que desobedezca es posterior: al invocar la autoridad jurídica de la Corte y el Congreso se tapa el hecho de que ambos son parte de la conjura comunista y cómplices del infame proceso de La Habana. La protesta de Duque engaña, porque no trata de lo esencial.


Estos dos tuits son redundantes, dicen lo mismo que el primero. (Y perdón por insistir en algo que los colombianos nunca quieren entender: ¿por qué no se LO dice el presidente? Es una sola cosa. Si uno va a un pueblo en el que todos se hurgan la nariz en público mientras comen, seguro que encuentra hostilidad, que lo juzgan engreído, fastidioso y antipático por criticarlos. Lo mismo pasa con esa atroz confusión entre el singular y el plural.)

Esto también es grato para el votante descontento con el narcorrégimen. Lástima que esa burla no se intente enmendar sencillamente revocando el acuerdo y renegociando el fin de las FARC. ¿A qué viene quejarse de la burla? A engañar, a hacer creer a la gente que el CD no tomó parte en esa burla y que si ahora se encogen de hombros en gesto de impotencia no es porque son cómplices de esa burla. Dado que el NO fue burlado, lo único sensato es hacerlo valer. Ya se verá cómo no es eso lo que propone el CD.
Otra mentira: ¿cómo no se va a permitir si es precisamente el contenido del acuerdo final? No, no sólo el dinero del narcotráfico y el secuestro y la impunidad total, ojalá, es mucho peor, es el sometimiento del Estado a la banda terrorista, que pasa a formar parte de las fuerzas armadas y a controlar directamente el poder judicial. El "contentillo" al votante pretende ocultar que esa rendición no se pretende enmendar sino que al contrario, se promete no revocarla. 

Los victimarios ya tienen una idea de cómo funciona el Estado de derecho que se les sometió sin resistencia gracias a la traición del partido que supuestamente encarnaba los anhelos de la mayoría. No, señor Duque, si en Colombia no funciona el Estado de derecho es porque la forma correcta de tener poder político es matar gente y traficar con cocaína, como saben bien los narcoterroristas. De hecho, ¿no fue esa constitución un apaño concebido para prohibir la extradición de los capos del tráfico de cocaína y premiar a los sicarios del régimen cubano controlados por el hermano mayor del actual presidente? La alusión a la Constitución, a la Corte y al Congreso, que pretende parecer una protesta contra las pretensiones de los terroristas es en realidad un reconocimiento leguleyo al orden que impusieron. No por tener "instituciones" con esos nombres se tiene una democracia legítima. Bueno, no para mí. Para los uribistas sí.

Éste es el tuit que resume toda la andanada de Duque. Es la respuesta indignada del intérprete de la angustia popular que dice: "Ya no les vamos a dar más". No que se les vaya a quitar lo que ya se les dio, eso no, eso es precisamente lo que significa "Nada hay que negociar ni nada que renegociar". Lo que cuenta es lo que cada persona razona, porque tras la "firmeza" del candidato está esa aceptación. ¿USTED cree que se debe aceptar lo acordado en La Habana pese al triunfo del NO en el plebiscito (es decir, que se debe obedecer al Congreso y a la Corte Constitucional que aprobaron ese "conejo")? Yo no. Los uribistas sí. Ya basta de engaños y estupideces, los enemigos del acuerdo que quieren seguir agradando a los engañados llamándose uribistas o atacando a Duque y no a Uribe incurren en el engaño y a la vez oscurecen el ambiente. No fue Duque quien traicionó a los votantes sino Uribe. No fue Duque quien evitó hablar de la paz en cinco elecciones. Fue su partido. Uribista es el seguidor de Uribe, el uribista que no está con la paz es un engañado o un falso uribista.

¡Tan bonito! El pueblo unido para defender los derechos y libertades ante la exigencia de las FARC de romper el orden democrático. Un momento: ¿cuál es el orden democrático? ¡El que intentan romper las FARC! ¿Es que la indigencia moral de los colombianos es tan monstruosa que aun así no pueden ver que ES EL QUE SIGUE AL ACUERDO? El orden democrático se rompió cuando se empezó a negociar con los criminales en un fraude y en clara violación de la ley. Para los uribistas no, porque sólo buscan acomodarse a ese orden, tan democrático como el Polo Democrático o la antigua República Democrática Alemana.
De nuevo el "orden democrático", que tiene que tener en Santos su defensor. ¿No? Insisto, el público puede ser un montón de canallas, pero ¿hasta qué punto? Si Santos va a defender el orden democrático no será renunciando a su paz. Eso no se lo va a pedir un partido pacifista. Los tuiteros pagados y los fanáticos podrán decir lo que quieran pero la adhesión al acuerdo de La Habana es clara e innegable. (Digo que son pagados no sólo por los rumores, sino por la frivolidad con que dicen cualquier cosa, al que se pone a tuitear por defender sus opiniones le resultaría importante si el acuerdo de La Habana es válido o no, los tuiteros uribistas obran como los viejos vendedores puerta a puerta, "el cliente siempre tiene la razón", al que no le gusta el acuerdo de La Habana se le dice que en realidad no es válido y por eso Duque defiende el Estado de derecho, al que se resigna a aceptarlo se le dice que Duque sólo intenta impedir los excesos. A lo mejor no son pagados sino ilusos que sueñan con nombramientos del nuevo gobierno.)

Pero esa disposición a engañar de los uribistas se hizo más evidente cuando hubo reacciones al tuit en que Duque dice que no hay nada que renegociar;
El sentido es claro, el nieto de Laureano Gómez percibe la tácita aceptación de lo acordado y marca su territorio de oposición a dichos acuerdos y de disposición a defender el resultado del plebiscito. Pero la única esperanza electoral del uribismo es mantener el engaño, hacer creer a la gente que votó no en el plebiscito y no acepta el acuerdo de La Habana que ellos son sus representantes, de modo que no faltaron las reacciones (en las respuestas al tuit de Gómez se pueden ver las contradicciones de los uribistas: unos dicen que el acuerdo ya no se puede echar atrás, otros que echarlo atrás es lo que quiere Duque, la mentira habitual en Colombia, donde ser honrado es deshonroso).

Así responde el senador Ernesto Macías Tovar:
Ahora le toca al lector evaluar, ¿qué es lo que tergiversa Gómez? El recurso de Macías es mencionar a la bancada conservadora, que siempre apoyó a Santos. Falaz: no hay opciones para que un candidato se presente sin el aval de un partido existente, al contrario, se impide crearlos, como le pasó a la lista del general Mendieta. De la conducta de los congresistas godos que apoyaron a Santos, y antes a Uribe, se infiere que lo planteado por Gómez es "tergiversar". Parece mentira tanta mala fe. Pero es el estilo colombiano.

Más elocuente, Rafael Guarín tuitea:

Macías con el estilo declarativo (¿alguien sabe qué es lo que se tergiversa?) y Guarín con la alusión a la "extrema derecha" (que es la idea de que los votos de la gente signifiquen algo) nos dejan ver al CD como otro grupo de lumpen político. Son las mañas de los progresistas de Petro y de los ecologistas (que ya no son los de Íngrid Betancur sino los de Claudia López). Pero conviene detenerse en el tuit. Si uno no "capta" lo obvio, que el acuerdo es la ley, ya es de extrema derecha y no tiene comprensión de lecturas (sic). Aplíqueselo el lector. ¿Le sorprende leer que el acuerdo de La Habana es la ley? Lo señala en otra parte el propio Guarín, pero ¿apoya el lector ese acuerdo? Tal vez haga bien, lo que no es honrado es creer que se está en contra de dicho acuerdo y a favor de una gente que lo considera "la ley".

La "reclusión para responsables de atrocidades" es otra falacia. ¿Qué atrocidad cometió Goebbels? ¿Quiere decirse que Alfredo Molano, Abad Faciolince, Javier Giraldo o Enrique Santos Calderón son inocentes de las atrocidades? Pero, ¿es el problema el del castigo de los excesos de la "guerra" (del "conflicto")? Lo que tiene Colombia en frente es la tiranía del narcoterrorismo y el sometimiento al narcorrégimen de La Habana, eso es lo que significa el acuerdo final que el CD apoya a pesar de que el pueblo lo rechazó. Costará revocarlo, pero no hay otra opción que ésa, o acomodarse, que es lo que hace el uribismo.

En un artículo publicado para defender la actitud de Uribe de aceptación del acuerdo de La Habana (comentado aquí), Guarín señala:
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
El orden jurídico, el ordenamiento jurídico, el orden constitucional, el orden democrático, da lo mismo como lo llamen, es lo que emana del acuerdo de La Habana a pesar del voto del NO.

Hay personas que de algún modo no comparten el designio de Duque y compañía, es decir, de Uribe, de "modificar" los acuerdos (ahora más bien, según los tuits de Duque, de frenar su expansión). ¿Qué hacen en ese partido? La esposa del césar no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo. Si esperan obtener curules gracias a la popularidad de Uribe para después obrar en contra de los acuerdos están engañando a los votantes, y en realidad atándose a un partido cuya traición es más que evidente (como le pasa al excandidato Nieto, que no rechazó el método de elección y ahora quedaría en ridículo abandonando el partido). Al menos que sepan que no merecen nuestro voto porque se entenderá como el voto por un partido del Acuerdo de La Habana.

26 dic. 2017

Las curules de la discordia

Por Jaime Castro Ramírez

Los asuntos que se refieren a las instancias del poder en una democracia requieren una dinámica de manejo decente y patriótico, es decir que no admiten ninguna forma de alteración de los cánones constitucionales que rigen la sana política de Estado. Y esto no puede ser de otra manera para poder garantizar la independencia de poderes y el respeto mutuo que debe existir entre esos poderes y la trascendencia de sus decisiones.

Las llamadas 16 curules para la paz
Como la generalidad es que la mayoría de lo pactado en el acuerdo de la Habana quedó mal por las excesivas y peligrosas concesiones que les hizo Juan Manuel Santos a sus contertulios, pues el tema de las 16 curules, denominadas “para la paz”, no es la excepción. Se dice en el acuerdo que esas curules son para territorios especiales de paz, valga decir, para los territorios donde las Farc han tenido mayor influencia, y les acomodaron el remoquete ‘seductor’ (que nadie cree) que dizque son curules para las “víctimas”. En estas condiciones, al más desprevenido analista le surge la grande inquietud de que tales curules en la cámara de representantes serán adjudicadas a quienes las Farc indiquen, o dicho de forma clara y sin rodeos, son curules para las Farc.

En el proceso de implementación del acuerdo Santos-Farc, y en base a las serias dudas que conllevan a creer que esas curules no van a ser para las víctimas, el congreso de la república, y específicamente el senado, no aprobó ese proyecto, y en consecuencia fue hundido. Pues resulta que aquí se presenta entonces una muy desafortunada actuación en contra de la democracia y de su independencia de poderes, y esto por parte del gobierno Santos al no respetar esa decisión del poder legislativo acudiendo a argucias jurídicas para tratar de revertir lo actuado constitucionalmente por parte del congreso de la república, lo que consistió en pedirle al poder judicial que desautorice al poder legislativo, es decir, causar un enfrentamiento de poderes y obviamente perjudicando la institucionalidad de la democracia colombiana. Esto es muy grave como actuación de un jefe de Estado.

Se concluye entonces en que el grande interés del presidente Santos porque entren en vigencia esas 16 curules (a pesar de haber sido rechazadas por el Congreso), no es propiamente porque vayan a ser para las víctimas, sino porque él les quedaría mal a las Farc con el compromiso derivado de esa concesión que les hizo (esta concesión y todas las demás incluidas en el acuerdo fueron negadas por el pueblo en el plebiscito, decisión que Santos no acató), Farc que también han estado muy preocupados por la decisión del senado de la república, preocupación que demuestra que esas curules son para ellos, para las Farc, pues no se observa la relación lógica con su preocupación si realmente fueran para sus víctimas, quienes por obvias razones se convertirían en sus enemigos políticos en el congreso de la república.

Si es que tales curules fueran realmente para las víctimas, en el acuerdo Santos-Farc debió haber quedado establecido claramente que las personas postuladas para ejercerlas debían salir de las asociaciones de víctimas de las Farc, y de ninguna manera haber dejado ese procedimiento de definir los candidatos al alcance de las Farc, como ocurrió.

Al hablar de esas 16 curules como están planteadas en el acuerdo de la Habana, en el congreso de la república ¿qué ocurriría entonces?, pues simplemente que las Farc sumarían 21 curules en la Cámara de Representantes: 5 que Santos les regaló de entrada, más estas 16. Esto significa que al ser la cámara de representatividad regional, pues entonces las Farc tendrán poder político en la mayoría de regiones de la geografía colombiana. Pero a esas 21 curules en la Cámara, sumarle 5 curules también regaladas en el Senado, lo que arroja como resultado que empiezan con un acumulado de 26 curules.

Cuántos partidos políticos que han luchado por años voto a voto su tránsito legal por la democracia colombiana quisieran tener esta cantidad de representatividad en el congreso de la república. Esto significa que para las Farc Santos les concedió un muy buen comienzo político para acceder al poder, campaña que ellos harán con el refuerzo de utilizar el ‘argumento’ engañoso de que es el poder por la “paz”. Y esta última es una de las mentiras mayúsculas que el comunismo-socialismo emplea para maquinar la forma de llegar al poder a través del engaño al pueblo, lo que después se convierte en una verdadera pesadilla para el pueblo en todo sentido: acabose político, económico y social, lo que comúnmente se conoce como miseria absoluta que producen esta clase de regímenes.

22 dic. 2017

Los detractores de Iván Duque

Por @ruiz_senior


¿Qué proporción de los colombianos apoyan efectivamente a los comunistas y al narcorrégimen que han impuesto? Admitiendo que dichos comunistas sean una minoría, ¿cómo es que se salen siempre con la suya? Ya he señalado muchas veces que hay un fondo sociológico que lo explica, pero ¿qué le pasa a la mayoría, por qué no se une para hacerles frente? Intentaré demostrar que esa mayoría no existe, que los contradictores del narcocomunismo no tienen por lo general otro proyecto que un retorno al pasado y que de ningún modo se los puede considerar "demócratas".

Durante los ochenta y los noventa supe muy poco de la política colombiana. Cuando se popularizó internet empecé a leer prensa colombiana y a escribir comentarios en los foros de la época. Me fascinaba la desfachatez de los columnistas de la prensa, abiertos instigadores del crimen (que Alfredo Molano sea de una comisión de la verdad es como que Alfredo Garavito fuera de una comisión de la decencia. En cualquier país normal Molano habría pasado la vida en la cárcel por sus escritos). Eran los años del Caguán y me llamó la atención que los principales jaleadores del descontento con el despeje eran los "serpatizantes", es decir, los samperistas. Sencillamente, el país seguía en la discusión del 8.000 y las atrocidades terroristas sólo se usaban como pretexto para hacer avanzar la causa de alguna bandería ansiosa de nombramientos y corruptelas. El lloriqueo uribista de los últimos años recuerda esa disposición.

A medida que aumentaban las atrocidades, sobre todo entre 2000 y 2001, el descontento se hizo más concreto y el principal objeto de odio dejó de ser Pastrana y pasaron a ser las FARC. Eso era algo espontáneo y la gente que lo vivía carecía en su mayor parte de afiliación ideológica. Cuando comenzó a sonar la candidatura de Uribe para 2002, su apoyo apenas llegaba al 1%. Los descontentos no prestaban mucha atención a las elecciones, la inmensa mayoría se repartía entre los que soñaban con un golpe militar o con una intervención estadounidense y los que aplaudían a Castaño como salvador de urgencia.

De modo que fui de los primeros uribistas, cuando en todos los medios y también en los foros de internet sencillamente se consideraba que apoyar a Uribe era estar con los "paramilitares", por su previo apoyo a las Convivir. En los años que siguieron se disiparon las esperanzas de intervención extranjera o de golpe militar, y los descontentos no tuvieron otra opción que apoyar a Uribe, y resignarse a un trámite democrático y sujeto a la ley.

Esto es del máximo interés porque hoy en las redes sociales hay una ESPELUZNANTE unanimidad entre los que no están con Santos acerca de la necesidad de una política "derechista". Les resulta de lo más urgente aclarar eso, ser derechistas para combatir a los izquierdistas, que son todos los que no comparten la fe pinochetista y por tanto resultan en realidad agentes disfrazados de las FARC o de Soros. En 2000 la derecha no creía en la ley ni en la democracia, nunca ha creído en ellas, siempre se ha opuesto a la segunda y eso explica lo que pasó con los gobiernos de Uribe.

De nuevo tengo que insistir en el diccionario. Cuando uno dice que la derecha siempre se ha opuesto a la democracia saltan todas las alarmas. ¿Qué es democracia? Los cobramasacres han estado organizados en torno al "Polo Democrático", y es que en Colombia cualquier palabra significa cualquier cosa y por eso los derechistas también son los genuinos demócratas. Ahí hay un ejemplo, luego todos lo niegan pero en 2000 era muy raro el que creyera en un candidato que corrigiera lo que hacía Pastrana. Los derechistas soñaban con golpes militares o con un triunfo de Castaño. Pero ¿cómo no lo van a negar? ¿Acaso hubo en los años treinta o cuarenta algún germanófilo en Colombia? ¿De qué partido habría sido el admirador de Hitler? (Hubo decenas de miles, que después se ocultaron.) Pero antes de eso, ¿hubo esclavitud en Colombia y gente que se oponía a abolirla? ¿De qué partido serían? Me lo acabo de inventar. Pero ¿ha habido racismo en Colombia? ¿Hay racismo aún? ¿Cómo son los derechistas respecto del racismo?

El ascenso de las bandas terroristas inquietó a algunos grupos poderosos que responden con el ideario tradicionalista, nunca han sido demócratas ni lo son ahora. Por eso ha sido tan fácil para Santos y los demás aliados del narcoterrorismo imponer su tiranía desde el poder, realmente no tienen resistencia. Es decir, una resistencia que defienda la ley y la democracia. Lo que surge ahora, aunque como minoría sin verdaderas perspectivas de éxito, es una derecha especular (de espejo, un reflejo de la "izquierda" narcoterrorista).

Los éxitos de Uribe en el combate con las bandas terroristas y en la recuperación de la seguridad agradaron a los derechistas, como a la inmensa mayoría de los colombianos. El que no se pensara en corregir la infamia impuesta por el narcotráfico en 1991 como constitución no los inquietaba demasiado porque no echaban de menos instituciones verdaderamente democráticas ni equidad ni ley, sólo un líder "pantalonudo" y "frentero" que combatiera a los terroristas y les permitiera volver a la finca (los que tenían finca). No tenían ningún otro proyecto de país que no fuera sacudirse la molestia del narcoterrorismo con un gobierno fuerte y enérgico. Todo lo que no hizo Uribe era sencillamente inimaginable, ¿para qué complicarse la vida controlando el adoctrinamiento en las universidades públicas? ¿Y reduciendo los privilegios increíbles de los funcionarios? ¿Y promoviendo una prensa independiente que no dependiera del Grupo Santodomingo ni de los López y Santos? ¿Y convocando una Constituyente legítima (la del 91 fue elegida por menos del 20% del censo electoral)? La derecha en Hispanoamérica no tiene ideas, sólo intereses. dejó dicho Octavio Paz.

En otras palabras, dado que la democracia colombiana es tan defectuosa, un demócrata considerará prioritario construirla. No lo van a hacer quienes no conciben que haya alternancia en el gobierno y en realidad aborrecen todas las libertades, pues lo que añoran es la Inquisición y la esclavitud de la época colonial. Y con Uribe llegó el mito y el icono. El sueño de un Videla o un Stroessner andino que acabara con el riesgo de que el poder cayera en manos de otros. Por eso no hubo NADIE que se inquietara por cambiar el engendro del 91 ni mucho menos que cuestionara el designio de Uribe de cambiar la ley cada vez que le convenía para quedarse en la presidencia (salvo los partidarios del narcoterrorismo). Si hubieran tenido más medios de presión que la oligarquía, Uribe seguiría siendo el presidente y también el candidato para 2018, con triunfo asegurado (aunque más probablemente habría corrido la suerte de Fujimori y el dominio de las FARC habría llegado antes). No recuerdo a UN SOLO DERECHISTA que no admita que es lo que le gustaría. La democracia, la ley... Lo dicho: sólo son mamertos al revés. La democracia es lo que los derechistas hispanoamericanos siempre han odiado y está en el origen del antiamericanismo, que durante todo el siglo XIX fue un rasgo de los conservadores y no de los progresistas (según recordaba el mismo Octavio Paz). Los antiamericanos de la Guerra Fría sólo encontraron en la retórica comunista el pretexto para mantener su viejo orden. Son los cubanos que descienden de los criollos y los oligarcas colombianos, son los derechistas triunfantes gracias a un disfraz eficiente.

Ahora los derechistas andan decepcionados con Uribe. Pero ¿no ha estado Santos más de siete años implantando a los terroristas como los amos de Colombia? ¿Cómo es que nunca hubo oposición a ese proceso de paz? Los derechistas no tienen ningún problema en premiar el crimen sino en verse desplazados del poder. Oponerse a la infamia de La Habana es cosa de quienes nos apartamos del uribismo desde 2010. ¿Alguien recuerda la campaña de 2014? ¿Alguien recuerda a un solo candidato a edil en 2011 y 2015 que se opusiera a que se negociaran las leyes con los terroristas? Para oponerse a esa infamia hay que creer en la ley y en la justicia y en la democracia. Los derechistas nunca echaron de menos esa oposición, sólo que no se dejara reelegir a Uribe.

¿ALGÚN DERECHISTA HA NOTADO QUE EN NINGUNA ELECCIÓN DE LAS CINCO QUE HA HABIDO DESDE 2011 SE HA CUESTIONADO LA NEGOCIACIÓN DE PAZ?


Como sé que nadie contestará, lo hago yo: ninguno. Los derechistas son tan enemigos de la democracia, la ley, la justicia, la libertad y los derechos humanos como los comunistas. Por eso no se lamentan de que el CD desistiera de defender el resultado del plebiscito, sólo de que aceptara a un candidato que no es un rabioso enemigo de los fumadores de marihuana ni un perseguidor del aborto.

¿ALGUNO DE LOS OTROS PRECANDIDATOS CONTEMPLABA LA POSIBILIDAD DE ANULAR LOS ACUERDOS DE LA HABANA?

Claro que no. A ese respecto son idénticos a Iván Duque, porque para oponerse realmente tendrían que apartarse de Uribe, y sin Uribe no son nada. ¿Cómo va a haber demócratas y defensores de la ley si por encima de los valores y las convicciones están los cálculos de éxito gracias a la popularidad de un señor en cuyo ideario no se cree? Los demás precandidatos también prometían modificar los acuerdos (ya verán cómo hasta Piedad Córdoba resulta descontenta) y sus seguidores no veían ningún problema porque siguen creyendo que el poder surge de componendas entre poderosos y no de la opinión de la gente, a la que se lleva a aprobar la infamia de La Habana, ya que sólo hace falta hacerle algunas mejoras. ¿Alguno de los precandidatos se inquietó cuando Rafael Guarín propuso "aislar" a los trastornados que pretenden invalidar los acuerdos de La Habana? No, ninguno. Comparten esos fines porque sólo necesitan la bendición de Uribe.

Por eso es disparatada la rabia con Duque. El que no apoya la infamia de La Habana no tiene por qué estar con Uribe, al menos desde 2011 se vio que no tenía ninguna intención de oponerse. Tampoco el señor Nieto se ha opuesto a "la paz", ni muchísimo menos, y todavía en 2015 le daba consejos al gobierno. Y dado que ningún partido elige a sus candidatos por encuestas de firmas ligadas a partidos rivales, ¿cómo es que no renunciaron a sus candidaturas? Al aceptar el procedimiento perdieron legitimidad para oponerse, pues la complicidad de Uribe con el acuerdo de La Habana no habría sido ningún problema si hubieran salido elegidos ellos.

El narcorrégimen se implantó en 1991 y ensanchó su poder durante el gobierno de Santos. Para acabar con él hace falta que haya demócratas. El conflicto de los derechistas con el mundo moderno y con la democracia los pone en el bando hostil, que a nadie le quepa duda.

No hay en Colombia un solo día en que no parezca que todo está a punto de perderse y que hace falta una decisión urgente (que obligue a sacrificar lo importante). Por eso no hubo en 2011 nadie que se planteara apartarse de Uribe: ¿no eran demócratas? Tener cualquier convicción comporta riesgos, no se puede soplar y sorber al mismo tiempo, defender la democracia y a la vez formar parte de la mayoría que sueña con abolirla. Tampoco la habrá ahora. Pese a que tiene todo el terreno abierto para presentarse como el defensor de la ley frente a la imposición de Santos y el narcorrégimen, el señor Ordóñez prefiere quedarse con su minoría angustiada porque hay tantos jóvenes que no van a misa, y no será nada más que un episodio pintoresco de la campaña de 2018.

OTROSÍ: En 2010 no sólo se eligió a Santos sino al Congreso. ¿Quiénes eran los candidatos de la derecha, que entonces era lo mismo que el uribismo? Roy Barreras, Armando Benedetti y muchos otros personajes que exhalaban y exhalan podredumbre. El partido que había creado Uribe, controlado por Santos para que los medios del clan fueran misericordiosos con el gobierno, era otra caterva de viejos politiqueros que no incomodaron a los derechistas, ya que la higiene democrática habría requerido que hubiera demócratas. ¿No era un asunto suficientemente serio que la lista al Concejo de Bogotá la encabezara en 2015 la hija de Angelino Garzón, hasta pocas semanas antes adversaria del uribismo y cuyo único mérito era su parentesco con el antiguo vicepresidente de la Unión Patriótica? Eso no lo hacía la izquierda del CD sino el CD, que surgió cuando todo el Congreso elegido por la derecha o uribismo se puso del lado del hampa. Dan risa y lástima los que lamentan la deriva del CD como si el CD no fuera simplemente el partido de Uribe, que mucho antes de su fundación rehuía cualquier negativa a negociar las leyes con las FARC.

14 dic. 2017

¿Quién es el tonto?

Por @ruiz_senior


La reciente decisión de un juez de obligar al gobierno de la capital a cambiar el lema de su propaganda ha generado un gran revuelo en las redes sociales, y francamente ese revuelo me produce más alarma que el hecho mismo: la inmensa mayoría de los comentarios, muchísimos de tuiteros influyentes, aluden al hecho como una "nimiedad", una "tontería", etc.

Lo primero que hay que señalar, sin que necesariamente sea lo principal, es la potestad de un juez para hacer cambiar un lema publicitario: ¿qué ley señala que puede hacerlo? Ninguna, sólo la disposición constitucional que autoriza a los funcionarios a prescindir de la ley, la "acción de tutela", sobre la que tantas veces he escrito comentarios en este blog. Esa disposición es un rasgo cultural que aprovechan los totalitarios, pero que no tiene resistencia porque lo que no se entiende en Colombia es la necesidad de la ley (la tranquilidad con que Uribe y su combo cambiaban las leyes referentes a la reelección explica la cultura del país: ¿quién va a violar la ley cuando puede simplemente cambiarla?).

El hecho de que el crimen organizado siempre encuentre jueces que imponen su programa no remite, como creen tantos, a la "infiltración" de los comunistas en las universidades y en el poder judicial, sino a la esencia del país: la inclinación comunista de los profesores y estudiantes corresponde a sus "intereses de clase" y refleja sencillamente la incapacidad del país para asimilarse al mundo moderno. Todos son comunistas porque en un régimen como el cubano multiplicarían su poder, y porque al sumarse a la organización que tiene tan poderosos y ricos frentes armados prosperan, ascienden y hacen lo que les dé la gana. Como sus antepasados hace trescientos años.

Pero la "tutela" que presenta el narcoterrorista Alirio Uribe no es un capricho ni una tontería, como creen los tontos. Se trata del afán totalitario de dominar el lenguaje, sobre el que trata por ejemplo 1984, la famosa novela de George Orwell. Por una parte, la ingeniería social que impone cualquier cosa y obliga a los ciudadanos a someterse (como los días sin hombres de Mockus o la reciente ocurrencia de la alcaldesa de Madrid de crear vías peatonales de una sola dirección), por otra, la prevalencia de las decisiones funcionariales sobre las costumbres o sobre las autoridades lingüísticas. Por muchos que sean los que se burlan, la verdad es que la Alcaldía tendrá que incluir en su lema las "ideas" de la ideología de género, es decir, la propaganda totalitaria.

El sentido de esa propaganda es crear una discordia en la sociedad, buscando en la mitad de la población el sentimiento de agravio que los progresistas vendrían a remediar. ¿Dónde está ese agravio? En que la lengua admite palabras como "todos" para incluir a las personas de ambos sexos, con lo que no se tendría en cuenta la existencia de las mujeres. Para remediar esa grave carencia se violenta el lenguaje de toda la tradición literaria. Unos ignorantes ambiciosos y violentos borran de un manotazo las características del idioma común porque precisamente un lenguaje corrompido les permite asegurar su dominación. Una gente dispuesta a expresarse en una jerigonza recién inventada está impedida para entender lo que se concibió en otros contextos ideológicos, y de ahí para pensar, sólo recitará la propaganda, como de hecho ya ocurre con los egresados de las universidades colombianas.

Puede que muchos consideren con desprecio las "teorías de conspiración" que describen un esfuerzo por ese "lenguaje incluyente" y por la "ideología de género" en todas las izquierdas de Occidente, casi siempre relacionadas con el narcorrégimen cubano y sus satélites, o bien sometidas a su hegemonía ideológica (como ocurre con toda la socialdemocracia europea y con la mayor parte de los demócratas estadounidenses). Pero ¿cómo es que en todas partes ese tema es de rabiosa actualidad y que todos los partidos y personajes ligados a los herederos del comunismo insisten en ello? Es evidente la conjura y también el interés. Por una parte, buscar personas agraviadas a las que poder ilusionar con su misión redentora, por la otra, tener un pretexto para perseguir a los discrepantes.

La situación de sometimiento e inferioridad social de la mujer es un problema real y en gran medida el feminismo histórico tiene una gran validez en sus reivindicaciones. Hace apenas un siglo era un sueño que las mujeres votaran, y en las sociedades atrasadas de las Américas siguen imperando condiciones opresivas para la mayoría. Lo que no se puede esperar es que semejante estado de cosas lo vayan a remediar unos criminales cuyo historial de machismo es el peor, ni que se vaya a mejorar nada corrompiendo el lenguaje a partir de las conveniencias de esos criminales.

Los comunistas colombianos tienen un pasado esclarecedor en materia de machismo: Carlos Gaviria fue acusado de acoso a sus alumnas; Luis Eduardo Garzón nombró sólo alcaldesas menores, puestos en los que puso a sus numerosísimas amantes; Alfonso Gómez Méndez tenía una cama al lado de su despacho en la Fiscalía para evaluar a las candidatas a ascensos, y cuando se cometió el atentado contra Wilson Borja aparecieron en el hospital tres "esposas" diferentes del prócer. Por no hablar de la denuncia por maltrato contra el siniestro Antonio Morales Riveira ni de las infinitas violaciones de niñas por parte del servicio doméstico armado de los citados próceres. ¿Alguien conoce el medio universitario colombiano con sus innumerables historias de profesores-seductores que proveen buenas calificaciones a las alumnas complacientes? Es esa clase de gente la que promueve el "lenguaje incluyente".

Pero no se hace nada si la gente cree que todo eso es una nimiedad. Los que tal cosa proclaman hacen como los que se ponen piercings aparatosos en los labios o en la lengua o los que les ponen a sus hijos nombres de pila novedosos: sólo demuestran su indigencia intelectual. La destrucción de la cultura les parece una banalidad porque es algo que desconocen y desprecian. Y resulta que es por medio de esos embelecos como el crimen organizado recluta muchedumbres para su tiranía.

Pero es siempre volver a lo mismo: ¿cuándo hubo un solo candidato que propusiera desobedecer lo que acordaran los criminales en La Habana? ¿Cuándo un grupo de personas de cualquier clase se ha propuesto delimitar claramente el alcance de la "acción de tutela" o siquiera denunciarla como abolición de la ley? Eso no existe en Colombia, todos esperan que baste amar a un caudillo para que todo se remedie.

Y así seguirá ganando el crimen organizado, como ha ocurrido claramente en los últimos siete años.

9 dic. 2017

La madre del cordero

Por @ruiz_senior

La perspectiva que se tiene de los problemas colombianos cuando se ha vivido mucho tiempo fuera es distinta: muchas oposiciones obvias para quienes no reciben otra información que la de los medios locales resultan falaces. Los colombianos de derecha y los de izquierda no son tan diferentes como ellos creen y en lo esencial representan lo mismo. Lo que hace a las regiones hispánicas miserables, desordenadas y violentas no son las "ideologías foráneas" ni las maquinaciones perpetuas de Karl Marx, avatar de Satanás, sino el anclaje del conjunto social en un pasado bárbaro y la persistencia de formas de vivir y de pensar de otra época.

1. Leyenda negra
En España tiene un gran éxito un libro que denuncia la "leyenda negra" de la propaganda antiespañola. En la conciencia de los hispanoamericanos esa leyenda negra es un tema conocido porque durante mucho tiempo ha servido para explicar la miseria y el atraso de la región. Todo el mundo recordará a alguien que proclama que otro sería el cantar si "nos" hubieran colonizado los ingleses, como si la India, Jamaica, Belice o Guyana fueran paraísos de prosperidad. Ese "nos" que he puesto entre comillas es una de las idioteces más llamativas: los descendientes de los conquistadores somos los hispanoamericanos, aun en los países de mayoría mestiza o mulata, el elemento predominante en todas partes es el de origen español.

En gran medida tienen razón los que denuncian la leyenda negra hispanófoba porque la Conquista y colonización de América fueron una de las mayores gestas de la humanidad y están en la base del mundo moderno. No se hace justicia a esos conquistadores, menos cuando hoy en los gobiernos de toda Hispanoamérica reina la peor chusma, que en medio de sus juergas y retozos les aplica cómodamente la moralina que no le cuesta nada concebir. Los comunistas que gobiernan las principales ciudades españolas se niegan a celebrar el Descubrimiento porque lo consideran un "genocidio".

La hispanofobia tiene en Europa un pasado muy antiguo, ligado al desprecio de los germanos por los pueblos meridionales. El poema que funda la nación francesa, el Cantar de Roldán, muestra a España como el país de los moros a los que somete Carlomagno. Cuando el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico cae en manos del nieto de los reyes católicos, las resistencias a un emperador que vive en España con una corte española se multiplican. De ahí y de los intereses del Imperio británico viene la leyenda negra.

Pero no se puede negar que la España posterior al siglo XVII era un país que aportaba poquísimo al conocimiento y aun a las artes, pese a su poderío y riqueza. La clave de ese retraso respecto a Europa, cada vez más acusado, es la Contrarreforma católica, que es la respuesta del clero al Renacimiento y a la Reforma protestante. La Iglesia que se adueña de los nuevos territorios implanta el oscurantismo y la persecución de la crítica. Si en el mundo hispánico no se inventa nada y no se produce casi nada es sólo por efecto de esa tradición.

Las sociedades hispánicas fueron durante la mayor parte de su historia sociedades esclavistas. Todavía está lejos que sus miembros sean "libres e iguales" como se propone en la propaganda de los demócratas españoles. Todavía las mujeres de origen amerindio siguen limpiando las casas de sus redentores, que en el siglo XVI les enseñaban la religión del amor y hoy dedican sus valiosas vidas a la prédica de la justicia social y del derecho a la educación. Los de hoy son seres casi idénticos a sus antepasados. Ya no se dice "encomienda" sino "acción de tutela" (con la primera se cubría con un manto de piedad el trabajo forzoso y gratuito, con la segunda se suprimen las leyes cuyo texto proclama la igualdad y se garantiza el trabajo casi forzoso y casi gratuito). La educación siempre es prioritaria, en tiempos de la Real Audiencia se inoculaba mansedumbre con la amenaza de torturas terrenas y ultraterrenas ("encomienda" era el encargo de evangelizar a los indios), ahora se adoctrina asesinos prestos a defender el orden en el que quienes tienen las riendas pueden prescindir de la voluntad de los demás y de toda noción de legalidad.

2. La máquina del tiempo
Hace años un comentarista de este blog explicó con gran acierto de dónde viene el "izquierdismo" de las grandes familias colombianas. Viajaron al futuro y no les gustó. Viendo cuál es el poderío y el nivel de vida de los europeos y norteamericanos, ¿qué podría ser más sensato que imitarlos? Pues no, no van a vivir sin ser superiores a los demás per se. Uno los ve en Europa, desvalidos sin servicio doméstico (pues a pesar de su infinita ventaja sobre los pobres del país, no tienen tanto para pagarlo en países ricos). No van a aceptar que cualquiera prospere y rivalice con ellos (eso está SIEMPRE: la facultad de sociología del patricio Camilo Torres estaba formada por decenas de personas de familias presidenciales). De hecho, se podría pensar en el secuestro como una limpieza de posibles rivales, y la implicación de Caballero o Pombo en esas proezas no está demostrada pero es obvia. Los sindicatos de funcionarios proveían a los terroristas los datos exactos del patrimonio de cada contribuyente, pero ¿quién los señalaba?

De tal modo, la conjura comunista, también en Cuba y en toda Hispanoamérica, es sólo resistencia del viejo orden y sus usufructuarios, que encuentran en el ensueño comunista una forma de sacarle fruto a la idiosincrasia imbuida por sus antepasados (ya explica ampliamente Antonio Escohotado el origen del comunismo en ciertas comunidades cristianas). Y a la vez un pretexto para gastarse toda la riqueza del país en comprar clientelas y prosélitos. En una sociedad competitiva los medios de comunicación, cuyo principal proveedor de recursos es el Estado, no tendrían tan seguras sus grandes rentas por hacer propaganda. El socialismo les conviene.

Para creer que la respuesta es el ensueño tradicionalista, la continuación del mismo orden de esclavitud con un discurso gastado, hace falta ser un necio incurable. Sencillamente, hay quien no se "avispó" a ponerse el disfraz moderno para poder acceder a las prebendas y beneficios de siempre, o quien estaba demasiado próximo a algún clan perdedor. Si uno va al diccionario, en el que "izquierda" es "reformismo" e "igualdad", la "izquierda" colombiana es simplemente "derecha" y la derecha colombiana (cuando no es pragmática acomodación al dominio de la "izquierda", a lo Gerlein) es mera desubicación: en absoluto respuesta al orden de esclavitud. (Uno de sus valedores en Twitter se mostraba hace un tiempo bastante próximo a discursos neonazis y abiertamente racistas.)

3. Ideología
Ésta es una palabra polisémica que se presta a muchas confusiones y engaños. La definición del diccionario es inocua, corresponde al sentido de "concepción del mundo" pero en su uso corriente alude sobre todo a la doxa, a la opinión como opuesta al conocimiento, al prejuicio. La ideología provee una serie de respuestas que preceden a las preguntas, y de algún modo todo el mundo lleva esa coraza. Con mucha frecuencia la adhesión a una ideología permite precisamente ocultar las verdaderas inclinaciones, sobre todo cuando las generalizaciones cosmológicas pasan por encima de los conflictos inmediatos. El clero antiguo, menguante e incomprendido odia al nuevo clero, al que lo unen con muchísima frecuencia relaciones de consanguinidad (muchísimos profesores comunistas de la Universidad Nacional empezaron en el seminario). ¿Debe uno tomar partido por uno de ellos? Son lo mismo, allí donde en tiempos de Felipe II había órdenes de muy diverso tipo ahora hay universidades dedicadas al mismo parasitismo.

Con mucha frecuencia la ideología se adopta pensando en realidades distantes: el comunista de 1960 no pensaba en su afinidad con Sangrenegra, Desquite o Chispas sino en Sartre y sus elucubraciones, de algún modo la interpretación de Heidegger le permitía colaborar con la causa de Sangrenegra, Desquite o Chispas y a la vez sentirse protagonizando una batalla cósmica entre reacción y progreso. Eso mismo ocurre hoy con los derechistas, prestos a convencerse de que Alfredo Molano o Antonio Caballero son trasuntos de Chomsky. Toda la retórica anticomunista que reproducen pasa por encima de forma escandalosa del hecho de que en Colombia (y en general en Hispanoamérica) la "izquierda" no es el bando de los pobres sino el de los ricos, que no busca la igualdad sino reforzar la desigualdad, congelar la jerarquía social y asegurar privilegios para los herederos del viejo orden.

En definitiva la afinidad de los derechistas colombianos con los izquierdistas colombianos es profunda y absoluta: ambos resisten al mundo moderno, los primeros desde el lloriqueo impotente de perdedores y los segundos convencidos de encarnarlo mientras disfrutan de las ventajas del parasitismo y la esclavitud. No representan nada distinto, no se va a remediar la deriva totalitaria con ensueños coloniales ni retóricas pinochetistas. Hace falta otra cosa...

4. La ley, la democracia...

La barbarie es la ausencia de leyes efectivas en el conjunto social. También la ausencia de significados precisos del lenguaje. Las palabras significan cualquier cosa para el primitivo porque no se ha detenido a pensar, y lo que dice termina no teniendo efecto porque significa cualquier cosa (tal como para los que hablamos español y no tenemos un oído fino las diversas "e" del francés nos suenan igual). Eso pasa con la "democracia" o la "ley", que en Colombia son conceptos vacíos que usan con inverosímil frecuencia los comunistas, aun los jefes narcoterroristas. Los derechistas no son diferentes, baste pensar en la reelección sucesiva de Uribe, puro marxismo de la línea Groucho ("éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros"). Cuando la ley no conviene al sueño dictatorial de un régimen sin posibilidades de alternancia (sólo una nueva versión de Porfirio Díaz, Anastasio Somoza, Alfredo Stroessner o Alberto Fujimori), pues se cambia la ley. Y si no fue posible cambiarla drásticamente en un primer intento, pues se vuelve a cambiar: la ley sirve al gobernante y no éste a aquélla. Es una concepción arraigada que naturalmente comparten los izquierdistas.

(En 2006 apoyé la reforma que permitía a Uribe aspirar a la reelección, era una situación extremadamente crítica, con rivales claramente ligados al narcoterrorismo, y una presidencia de ocho años no era una extravagancia sino algo normal en Estados Unidos y hasta en Brasil. La discusión con los valedores del narcoterrorismo impedía ver las flaquezas del uribismo entonces.)

Y si se piensa en lo que realmente hace falta, la asimilación a la modernidad, la verdadera vigencia de la ley, el respeto a los derechos humanos, la democracia como el régimen en que la voluntad popular cuenta, los ensueños retrógrados son un problema y no una solución. Como ya he explicado arriba, la izquierda, o sea, la universidad, es sólo un estamento de ese pasado bárbaro. Cuando se explica que sería deseable cerrar las universidades públicas y cobrar impuestos a las privadas como a cualquier empresa, la derecha vuelve a ser lo mismo que la izquierda: la misma indignación y los mismos argumentos, no les importa que los recursos comunes se gasten en proveer certificados de rango social sino que las rentas se las lleven otros. Todos replican lo mismo, que hay que abrir oportunidades a los jóvenes de bajos ingresos, como si no fuera del patrimonio común de donde sale el dinero (es decir, también de los recursos de los jóvenes de bajos ingresos que no estudian y que son la mayoría, todo para proveerles rentas a los mismos descendientes de los encomenderos que en la siguiente generación descubren las ventajas de ser comunistas, como Álvaro Leyva, hijo de un ministro de Laureano Gómez).

Sin ese gasto monstruoso, el desarrollo del país estaría asegurado, no porque haya el menor mérito en su población sino porque el progreso tecnológico alcanzado en otras partes provee infinitas ventajas. También la calidad de la educación, que consiste en la eficiencia de los egresados y no en la cantidad de títulos, en lo que Colombia es digno rival de Cuba y Venezuela. Al haber otras oportunidades de empleo (que no existen porque se cobran impuestos confiscatorios a quienes trabajan, y cuando el gobierno Santos intentó reducir la parafiscalidad se encontró con el rechazo de Uribe), las posibilidades de prosperar y educarse de los pobres se multiplicarían.

Pero todo eso no interesa a la derecha porque el mundo antiguo que defiende es el del rechazo al trabajo de la tradición hispánica. Ésa es la madre del cordero, la resistencia a una sociedad competitiva por los usufructuarios del orden jerárquico de siempre, hoy en día caracterizados por ser de "izquierda". Cambiar eso no requiere un programa ideológico sino sentido común, determinación de aplicar efectivamente la ley, reducción drástica del gasto público, sobre todo en educación superior, eliminación de la parafiscalidad y otros gravámenes encubiertos sobre los salarios (y no aumentos del salario mínimo como claman "sindicalísticamente" los uribistas)... Cuando se piensa en todo eso resulta lo mismo que en todo: que la derecha y la izquierda están en el mismo bando.

Otro ejemplo es la "acción de tutela". El que vive en otro país se sorprende de que la mayor parte del trabajo de los juzgados colombianos consista en resolver recursos de amparo en defensa de derechos fundamentales. ¿Cómo es que no ocurre en otras partes? Porque una noción como la de "derecho fundamental" no tiene unos límites en la cabeza de los colombianos, lo mismo que paz, democracia, ley: significa cualquier cosa. La acción de tutela provee al funcionario un pretexto para prescindir del texto de la ley y hacer lo que le da la gana. ¿A quién beneficia? Primero a los propios jueces y a sus clientes, que es de lo que se trata (no hay que olvidar que los jueces gobernaron hasta la instauración del virreinato en 1717), después a los que pueden pagar abogados bien relacionados y en conjunto a las castas superiores de la sociedad (dicen que se benefician de esa atrocidad los de estratos 3 y 4, como si en el conjunto de la población colombiana aquéllos no formaran parte de la minoría rica). Es un factor retrógrado que suprime la ley y que por eso no incomoda en absoluto a la derecha, toda vez que los derechistas pertenecen a esas castas superiores y se benefician de la defensa del "derecho fundamental" que su pariente o amigo siempre sabrá encontrar.

Sentido común es negar validez a los acuerdos de La Habana, pero en Colombia, al menos entre quienes opinan en las redes sociales, quienes lo proponemos somos una minoría ínfima. La derecha anda interesada en perseguir a quienes no van a misa o ven pornografía, y respecto a esos acuerdos se plantea "modificarlos", o sea aceptarlos parcialmente, tal como se aceptó el monstruoso engendro de 1991, porque si se rechazaba podría salir un texto peor.

Hace falta cambiar el entramado legal y las costumbres y mentalidades para asimilarse al mundo moderno. Para impedirlo están la izquierda y la derecha.