25 ago. 2016

Abuso de poder del jefe del Estado

Por Jaime Castro Ramírez

Al definirse la democracia como la forma de organización del Estado de Derecho, una de sus bondades políticas consiste en legitimar la separación e independencia de poderes, lo cual a la vez implica garantizar el cumplimiento del mandato constitucional de los pesos y contrapesos, es decir, que ninguno de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) puedan exceder su órbita de autoridad, y especialmente los límites que debe cumplir el poder ejecutivo para no intervenir en la autoridad propia de los otros poderes.

Lo anterior concluye en la armonía política necesaria para alimentar el respeto entre las competencias de la independencia de los poderes, y para construir gobierno que exalte el respeto a los cánones de la democracia.

La insensatez política
No respetar la separación de poderes, históricamente se ha demostrado que son acciones propias de dictadorzuelos, cuya finalidad es generalmente la de conducir a un país hacia aciagas instancias donde se proscriben los derechos individuales y se agota el modelo económico de la propiedad privada a través de la tiranía política.

No respetar la separación de poderes por parte de un gobernante implica agotar la democracia interviniendo indebidamente en la justicia y en el desarrollo de la elaboración de las leyes a cargo del poder legislativo, pues es bien conocido el abuso de poder cuando se acude a solicitar poderes habilitantes para que el presidente de la república pueda legislar con fuerza de ley, sustituyendo al Congreso de la República. Además, en este perverso modelo dictatorial se interviene también en el manejo irregular del sistema electoral, lo cual pervierte el sentido primario de la democracia que consiste en respetar la voluntad ciudadana en las urnas.

Para llegar al anterior escenario se ha tenido que pasar primero por una instancia estratégico-política que consiste en un cambio de modalidad para poder llegar a la toma del poder. Como ya no es posible lograrlo por la vía armada, ahora se acude al populismo como medio de ‘persuasión’ para engañar al pueblo y entonces tomarse el poder a través de las urnas, lo cual usan como pretexto para decir que es una democracia porque hacen elecciones (con resultado garantizado), pero la diferencia ideológica consiste en que la finalidad es perpetuarse en el poder a través de la instauración de una dictadura.

Actitud del presidente
Pues quién lo creyera, que el actual mandatario de los colombianos, Juan Manuel Santos Calderón, fuera a incurrir en grave acto público televisado de presión indebida al poder

judicial, específicamente al Consejo de Estado, institución a la cual le manifestó su molestia por no haber tomado desde antes una definición respecto a la demanda (leguleya) que cursa en ese organismo sobre la reelección del Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado.

Es bien conocido por los colombianos el interés del presidente Santos en que el Consejo de Estado declare la terminación anticipada del periodo constitucional del mandato del procurador Ordóñez, y todo porque dicho funcionario, como representante de la sociedad colombiana, ha criticado vehementemente lo que considera inconveniente para el país en materia de concesiones a las Farc por parte del presidente de la república, y a lo cual Santos le llama paz, aunque no sea la paz de los colombianos sino que incluso puede convertirse en un eventual móvil de más violencia por las condiciones otorgadas a las Farc de impunidad y claudicación, y el consiguiente poder que el gobierno les está concediendo en el acuerdo ‘negociado’, como por ejemplo la elegibilidad política a quienes han cometido delitos atroces.

Ya será estudiado el acuerdo que salga de la Habana para darle el verdadero significado respecto de lo que signifique para el país, y así poder llegar a un raciocinio que determine a conciencia el Si o el NO al plebiscito en las urnas.

17 ago. 2016

Votos de la ministra por el NO

Por Jaime Castro Ramírez

Hablando de gobierno, entre la política y el poder debe haber una relación recíproca de responsabilidad común, pues no es válido gobernar bajo condiciones disímiles, valga decir sin unidad de mando y donde la política se aparte del resultado de la gestión de gobierno.

Quien ejerce el poder otorgado por la voluntad soberana en las urnas es el responsable políticamente ante el pueblo, y por consiguiente está obligado a rendir cuentas. Esto significa que no puede apartarse del control al ejercicio de las funciones de sus colaboradores en cuanto a la ejecución de las políticas de gobierno, o si simplemente deciden salirse de la línea de gobierno y el responsable superior no actúa corrigiendo el rumbo a través de tomar las medidas requeridas. El funcionario subalterno responde administrativamente y el gobernante responde políticamente por las eventuales fallas de su equipo de gobierno.

La reprochable actuación de la ministra de educación
La señora Yina Parody, en su condición de ministra de educación, consiguió poner al país en alerta máxima como consecuencia de su equivocada decisión de querer implantar en la educación escolar en Colombia la mezquina y falsa teoría de género consistente en afirmar que: “la persona no nace sino que se hace”. Para promover semejante disparate de ideología sexual se pretendió implantar en los colegios una cartilla con ese adoctrinamiento, pues no de otra manera se podría intentar tal adefesio de lavado de cerebro; donde se comete un grave error de querer imponer su criterio, pues lo que de por sí es una excesiva y desorientadora discusión de principios para planteársela a los niños, además en dicho texto se puntualiza recurrentemente con la expresión: se debe, es decir, aplicando el sentido de ordenar a los docentes la enseñanza de semejante exabrupto.

Las mentiras a bordo para pretender engañar a la opinión pública
A nadie se le acepta decir mentiras por la obvia y grave connotación de querer engañar la voluntad ajena, pero si esto viene de un alto funcionario del estado pues la incidencia sobrepasa todos los límites de gravedad porque está engañando a todo un pueblo. Sin embargo, la ministra, una vez descubierta en su cometido, se dedicó a eso, a decir mentiras: Empezó contradiciéndose al afirmar que las mencionadas cartillas no existían, pero al observar la grande presión nacional que se gestó de inmediato contra ella por la gravedad del asunto en mención, se retractó diciendo que las cartillas sí existían pero que no eran iniciativa del ministerio de educación. Luego de que se conoció que esos textos estaban debidamente soportados y validados con el sello oficial de dicha cartera, entonces vino la siguiente mentira diciendo que no habían sido revisados por la señora ministra Yina Parody y que por lo tanto esa publicación no tenía autorización, y para completar la trama se dijo también que el ministerio de educación no tenía nada que ver con el hecho de financiar tales cartillas. Pero como alguien decía, las mentiras se vuelven en contra de quien las dice. Quedó al descubierto que el ministerio pagó un contrato de 900 millones de pesos para apoyar tal finalidad.

Es claro que la condición de género de la ministra es respetable y es su asunto o problema personal, pero de ninguna manera le es permitido que desde su cargo intente influenciar a los niños con su propia causa, razón por la cual el país se movilizó masivamente en manifestaciones de reproche a la conducta de la ministra.

El apoyo del presidente Santos a su ministra
La famosa sentencia de que la voz del pueblo es la voz de Dios, esto nada que ver para el presidente de la república Juan Manuel Santos, ese mandato le resbala, pues la multitud de gente que salió a las calles en diferentes ciudades del país pidiendo el retiro de la ministra del cargo, tuvo la respuesta de Santos apoyándola a ella, lo que en consecuencia significa apoyar las mentiras que se habían dicho alrededor del tema.

A un mandatario le queda muy mal políticamente apoyar a funcionarios que promueven causas inconvenientes para el país y que por consiguiente no admiten apoyo alguno porque lesionan intereses comunes, además de que lesionan la dignidad presidencial y su autoridad.

El aporte de la ministra al plebiscito
Como el presidente Santos va a utilizar su equipo ministerial para hacer política electoral por el SI al plebiscito, debiera encabezar ese frente de trabajo con su ministra Parody quien le mereció su apoyo y confianza, y con seguridad que le conseguirá muchos votos por el NO. Las familias colombianas están demasiado ofendidas, al igual que otros sectores sociales, con la muy desafortunada intentona de la ministra.

Si el presidente de la república pensara políticamente, y no en función de amiguismos, su solución inteligente de este grave impase hubiera sido salir de su incómoda ministra, además atendiendo la exigencia del pueblo que es a quien él se debe en su cargo.

Pareciera entonces que el mismo presidente Santos estuviera en plan de campaña por el NO al plebiscito al defender lo indefendible apoyando a la señora Parody.

4 ago. 2016

El Centro Democrático y el plebiscito

Por @ruiz_senior
Los políticos del CD han rechazado siempre la refrendación de "la paz" porque prefieren acuerdos en que se los incluya, de ahí que muchos uribistas divulgaran una columna de Mauricio Vargas en la que advertía que la refrendación es "peligrosa" (es decir, que se corre el riesgo de que la gente vote no), y que el mismo Uribe divulgara un artículo de Juan Lozano en el que se le reprochaba a Santos que les quedara mal a las FARC, a las que les habría prometido celebrar una Asamblea Constituyente.

De modo que la declaración de exequibilidad por parte de la Corte Constitucional es una gran contrariedad para Uribe y su séquito. Tienen que optar por el "no" y eso no les agrada en absoluto porque la propaganda los describirá como enemigos de la paz (y que nadie se engañe, "la paz" es "la negociación de paz") cuando ellos sólo quieren que los dejen participar. Es una apuesta que no quieren ganar porque no creen en nada que no sean sus carreras y negocios, y que en caso de perder significaría la legitimación rotunda de Santos y las FARC.

Prueba de lo anterior es el comunicado en el que anuncian su apoyo lamentando que sea la única opción que les dejan y eso sí, aclarando que es su forma de decir "sí a la paz":
Solamente nos queda la opción de decir SÍ a la paz votando NO al plebiscito.

¿Qué es "la paz"? Mejor dicho, ¿cuál es la guerra? Lo que la propaganda del narcorrégimen llama "guerra" es el intento de aplicar la ley penal, pues nadie va a matar a soldados legítimos que representen a algún sector de la población. "La paz" en el comunicado uribista significa lo mismo que en la propaganda de las FARC: "la negociación de paz", que es la abolición de la ley penal y el reconocimiento del infractor como agente legítimo. El penoso texto del CD es coherente con su trayectoria: no condenan que se premie el genocidio, sólo que no los incluyan a ellos en las negociaciones.

Pero si la toma de partido por el "no" es una mala noticia para el uribismo, aún peor lo es para la causa del rechazo a la infamia de La Habana. La dilatadísima campaña de calumnias contra Uribe les resultaría a los asesinos sumamente útil porque los ciudadanos tendrían que escoger entre "la paz" y el "paramilitarismo", es decir, encontrarían a muchos idiotas útiles a los que podrían convertir en activistas con ese cuento. Pero eso no importa tanto como otra cosa: que al identificarse el "no" con el uribismo no queda ninguna opción para el rechazo a la componenda con las FARC, sólo una batalla entre pequeños matices cuyo resumen son las cuotas de poder que quedarían para los uribistas y la benevolencia del hampa judicial.

El plebiscito sería muy fácil de ganar: nadie cree en Santos, su popularidad es bajísima, y todo el poder que entrega a los terroristas escandaliza a la inmensa mayoría, por no hablar de que tantos años de ruido sobre "la paz" hacen pensar en aquello de que "no se puede engañar a todos todo el tiempo". El votante no puede dejar de ver que votar SÍ es complacer a los secuestradores y asesinos, y la opción resulta muy clara, por muchas presiones que haya.

Pero no se ganará porque el bando del NO lo representa esta gentuza, que no quiere ganar ni defiende ningún valor (el que lo dude debe leer esta perla de cinismo y bajeza inverosímiles). Si tuvieran el menor interés en hacer frente a la implantación de la tiranía formarían un frente por el NO con Pastrana y las demás figuras políticas, periodísticas, intelectuales, etc. independientes que se pronuncien en contra de los propósitos de Santos. No lo harán porque sus cálculos son las componendas con el Partido Comunista (es decir, con Angelino Garzón y otros personajes similares) y con el MOIR (que tiene una secta en el interior del CD) en aras de quedar bien situados en el nuevo orden, no importa que su presencia sea meramente decorativa, sigue habiendo quien vote por amor al Gran Timonel y provea así sustanciosos sueldos de senadores y representantes.

Los engaños de Santos son sencillamente la continuación de las atrocidades de las bandas terroristas y tienen el mismo fin. Los totalitarios representan a una minoría entre la población, sencillamente a los usufructuarios del Estado, cuya genealogía es muy fácil de hacer remontar hasta los primeros encomenderos, pero se imponen gracias a que cuentan con estos adversarios estrechos de miras y atrozmente turbios.

Todo el que los siga acompañando se hace cómplice de la implantación del régimen comunista y la abolición de la ley porque ellos no están oponiéndose a lo primero ni defendiendo la segunda, sino salvando sus puestos y rentas.

30 jul. 2016

Navarro vs. Arboleda

Por @ruiz_senior

El adalid
Lo que le dijo Luis Emilio Arboleda a Navarro Wolff es lo que sienten millones de colombianos ante la infamia que les están imponiendo sin haberlos consultado nunca. Es la voz de los esclavos contra los amos, que con todo descaro van a engañarlos y a amenazarlos. Valdría la pena atender a cada una de sus frases porque los colombianos tienen que decidir muy pronto de qué lado están, no sólo por el plebiscito sino porque el resultado del atajo de la paz negociada ya incluye adoctrinamiento de niños mediante chantaje, presencia de militares cubanos en Colombia, gasto público desmesurado en propaganda legitimadora del terrorismo y continua persecución judicial y periodística contra cualquiera que discrepe del pensamiento obligatorio que imponen los asesinos y sus compañeros universitarios en las redes sociales.

Comentaré lo aparecido en Noticias Caracol porque el resumen de los periodistas da suficiente información para comentar el discurso:
"Las FARC no tienen entrada ni los terroristas en Medellín."
¿Por qué no va un ciudadano a defender su ciudad contra unos asesinos que han cometido los peores crímenes de la historia reciente del continente americano? ¿Cómo no aplaudir el valor de enfrentarse a esos poderosos asesinos para mostrarles su rechazo?
"No señor, no nos van a atropellar." 
¿No tiene la gente derecho a resistirse a que la atropellen? ¿O es que la imposición de un acuerdo que no estaba en el programa electoral de Santos no es un completo atropello y la abolición de todo vestigio de democracia, pues la voluntad del pueblo no representa nada? ¿Cómo no aplaudir la firmeza con que expresa la voluntad de los hombres libres ante la imposición de los asesinos?
"No se dejen engañar porque ustedes no saben por qué van a votar y ese mal llamado acuerdo de paz nos va a llevar es a una guerra."
¡Exacto! ¡De eso se trata la propaganda de los asesinos y sus socios corruptos! De engañar a la gente para votar por la abstracción "paz" que sólo es el rótulo de la implantación de la tiranía como en Venezuela y Nicaragua. Y esa tiranía no la podrán imponer completamente sin multiplicar el terror (como en Venezuela y Nicaragua) y sin que la gente se deje someter precisamente porque ni Santos ni los terroristas la representan. El uno defraudó a sus electores y es rechazado por la inmensa mayoría y los otros no han hecho más que cometer atrocidades y hacer sufrir a los colombianos. ¿Cómo no aplaudir el acierto en denunciar esa infamia y en advertir de los trastornos que traerá el premio a los peores sociópatas, que no se van a volver buenos ciudadanos porque a los intereses de imagen de pequeños canallas como Juanes o Falcao y algunos millones más les convenga creer y hacer creer que va a ser así?
"Para poder haber paz tiene que haber un arrepentimiento y un sometimiento a la justicia, y entrega de armas y reparación."
¡Claro que sí! La pregunta que le ofrece la vida a un colombiano es muy sencilla, y las posibilidades de triunfo del NO en el plebiscito son elevadas, porque sólo hay que comprobar si hay alguna inexactitud en esa frase, si es que puede haber paz con criminales que no se arrepienten ni respetan las leyes que violaron sino que llegan a imponer las suyas, mientras que se mantienen armados burlándose de sus víctimas. Millones de colombianos seguirán a la farándula y a las presiones de los paniaguados del régimen y aun a la amenaza descarada de muerte sobre los ciudadanos que expresaba Santos hace poco. Pero ¿cuántos podrán mirar en su interior y sentir que pueden refutar lo que DICE Luis Emilio Arboleda? Esa frase desnuda directamente al "amigo de la paz", que llega con todo descaro a cobrar la extorsión de sus socios, sea Santos o Navarro. O que se suma a ellos por servilismo y cobardía y falta de respeto de sí mismo (como los jovencitos inconscientes en quienes se suman la ignorancia, la estupidez, la frivolidad y el servilismo y llegan a sumarse a una "moda" tan abominable). ¿Cómo no admirar la lucidez con que Arboleda expresa la encrucijada de Colombia hoy?

El asesino
Vale la pena detenerse en lo que dice Navarro Wolf, que se resume en un tuit con este texto.
"Que los colombianos escojan. O se imponen los que más gritan o se imponen las ideas. Esa es la lección de lo de ayer en Medellín."
Muy elocuente, muy acertado. ¡Lo que dice Luis Emilio Arboleda no contiene ideas! ¿Cómo explicarlo? ¡Limpiarse lo colombiano es experimentar una completa iluminación! Frente a si debe haber arrepentimiento para que haya paz, o si los asesinos deben someterse a la justicia, o si deben entregar las armas, o si la propaganda pacifista es un engaño, el asesino del indefenso sindicalista José Raquel Mercado exhibe sus modales! ¿Cuántos colombianos se sienten mal ante semejante "idea"? Dios mío, ¿cuáles son los "argumentos" por los que los miles de millones de dólares obtenidos secuestrando niños y ancianos resultan legales y les sirven a quienes los tienen para comprar poder e influencia política? La única "idea" de Santos y todos los amigos de la paz es el MIEDO, exactamente como cuando Navarro y compañía cobraban el secuestro de los niños Álvarez Murillo, ellos, los intelectuales de la Universidad Nacional, contra el ignorante que tenía muchos millones, ellos educados y tranquilos contra el patán vociferante y rabioso. No han salido de eso, siguen viendo a los colombianos como las presas a las que pueden despojar y humillar sin el menor pudor.

El pasado de Luis Emilio Arboleda

La publicación de la biografía
(?) de Luis Emilio Arboleda es la continuación del mismo juego, de la misma lógica: todo lo que concierne a la izquierda y el terrorismo es el esfuerzo de persistencia de un orden de dominación antiguo que se siente amenazado por la democracia liberal. Los recursos son de una ordinariez, de una bajeza, de una tosquedad intelectual y moral que dejan ver el contenido real de "la paz".

El único texto que he encontrado al respecto, creo que el más publicitado es uno de una página llamada Publimetro.
El hombre que gritó a Navarro fue identificado como Luis Emilio Arboleda Arenas, y en Blu Radio reconoció que apoya al Centro Democrático y su líder Álvaro Uribe, y que había gritado a Navarro porque le parece "indigno" que haga esta campaña, y aseguró que no atacó ni a Navarro ni a nadie.
Cuando escriben "El hombre que gritó a Navarro fue identificado como...", buscan que parezca como si hubiera cometido un delito u ocultara su identidad. ¿Dirían lo mismo de alguien que no cree que para que haya paz tiene que haber arrepentimiento y sometimiento a la justicia? De eso sale Luis Emilio Arboleda convertido en un criminal mientras que los que mandan niños bomba son agentes de paz (mientras que los crímenes se hacen pasos necesarios para llegar a esa "paz"). Pero la segunda frase es mejor: ¡los supuestos malos modales de Luis Emilio Arboleda se usan para perseguir a Uribe porque él se declaró partidario del CD! Insisto, algún día me lo agradecerán: no hay verdadera humanización posible para el que no tome la determinación de limpiarse lo colombiano. Conozco a un admirador de Teresa de Calcuta y una vez supe que ese buen ciudadano era aficionado a ver pornografía. ¿Ven hasta qué punto es repudiable Teresa de Calcuta? Dios mío, puto muladar. Los recursos públicos se gastan en hacer ricos a canallas degenerados como los que escriben eso. Del mismo jaez es la frase siguiente, con las comillas en "indigno", como si ir a proponerle a la población que acepte como sus gobernantes a quienes la han masacrado y torturado y robado y humillado fuera algo muy digno. ¡Qué malos modales tiene el que considera indigno cobrar los crímenes intimidando a la población!

[...]
A pesar de esto, usuarios de redes sociales investigaron el pasado de Arboleda, y se encontraron con un caso de hurto por el que pasó 14 meses en la cárcel Bellavista de Antioquia en 2003, así como otro caso judicial al no responder por un hijo extramatrimonial.
Vamos a suponer que sea verdad y que la condena por hurto fuera justa, lo cual exige un esfuerzo de tolerancia enorme porque ¿hay alguien más despreciable en el mundo que un juez colombiano como los que condenan a militares inocentes porque reciben incentivos de diverso tipo de los asesinos? A mí esas personas me parecen el peor extremo de vileza concebible, alguien como Eichmann resultaría casi respetable. Pero aceptémoslo. ¿Perdió Luis Emilio Arboleda a raíz de esa condena o de la siguiente por no "responder" por un hijo extramatrimonial el derecho a opinar o a participar en política? ¿Esa condición suya de persona con antecedentes penales afecta al sentido de sus afirmaciones? Un colombiano no piensa en eso, sabe en qué estrato debe estar, no en el de los que cometen hurtos que los llevan 14 meses a la prisión sino el de los que matan personas indefensas y conspiran con Pablo Escobar para destruir las instituciones y gracias a eso llegan a senadores, alcaldes y gobernadores. PORQUE SIN ESOS CRÍMENES NAVARRO NO HABRÍA SIDO NADA. ¡Qué desprecio les inspira el que deja ver en sus propios errores que es de estrato 2 y a lo sumo 3, no como Navarro que hasta fue esposo de la respetada escritora Laura Restrepo, de las mejores familias del país!

Así son los ciudadanos siempre, han cometido errores y han pagado por ellos y tienen derechos porque NO HAY UNA RAZA DE DELINCUENTES, o mejor dicho, sí la hay en el sentido en que la dominación de los asesinos como Navarro Wolff es sólo la vieja esclavitud a que los conquistadores sometieron a los aborígenes. Luis Emilio Arboleda es un tipo de condición humilde que habla atropellado y con fuerte acento paisa y tuvo problemas con la justicia, no como la casta de doctores que escriben en Publimetro y obtienen rentas fabulosas al lado de Navarro Wolff y el gobierno de Santos. Las ideas de Arboleda, que he comentado arriba, son lo que define a la humanidad y a las personas veraces y rectas y limpias, mientras que las falacias e intimidaciones de los "amigos de la paz" sólo son el lucro y el poder que intentan obtener de los secuestros y asesinatos en masa y violaciones de niñas.

Un ciudadano valiente hace más que toda la propaganda miserable y perversa de Santos y el crimen organizado que lo acompaña. Esa verdad es evidente para Luis Emilio Arboleda y lo es para mí, y estoy seguro de que cualquier ciudadano honrado de cualquier país que se enfrente a los hechos pensará lo mismo. Todo mi apoyo y admiración. Ojalá sea el de millones. Ojalá esa rabia justificada lleve a una derrota total de Santos en su plebiscito y al fracaso de la tiranía proyectada.

27 jul. 2016

Plebiscito sobre lo desconocido

Por Jaime Castro Ramírez

Las normas legales y constitucionales exigen absoluta claridad y puntualidad sobre la interpretación y aplicación de su contenido. Es esencial que a tales disposiciones se les respete integralmente su fuero representativo de la autoridad que aporta a la investidura de los jueces de la república para aplicar procedimientos legales, obviamente sobre hechos cumplidos, nunca sobre hechos desconocidos o imaginarios, o simplemente adjudicando la condición de presunción o probabilidad de que pueden ocurrir. Lo abstracto no puede tener alcance de aplicabilidad legal, justamente por ausencia de materia.

Autorización del plebiscito por parte de la Corte Constitucional
Es tal el apuro del gobierno en mostrarle algo al país sobre su obsesión que ha llamado paz (aunque no va a ser la paz), que quizás haya incurrido en presiones a la Corte Constitucional para que definiera rápidamente la aprobación del plebiscito sobre el acuerdo que negocia en la Habana con las Farc, sin tener el acuerdo firmado, pues además, desde el principio en ese escenario definieron que “nada estará acordado hasta que todo esté acordado”.

En consecuencia, lo primero que aparece al análisis ciudadano es el grande interrogante sobre ¿cómo es posible que la Corte apruebe un plebiscito sobre algo que todavía no existe y que por consiguiente era un tema desconocido en su contenido integral para la misma Corte?

A esta clase de aprobación de la corte al plebiscito hay que agregarle la extrañeza de que ese alto tribunal argumentó de que era el “instrumento adecuado” para la refrendación de lo pactado en el acuerdo. Ante tal circunstancia, cualquier desprevenido ciudadano podrá plantearse la seria duda de cómo puede calificarse como el “instrumento adecuado” si no se conoce el alcance del contenido del presunto acuerdo con las Farc. Lo mínimo que a ese ciudadano le puede parecer es que se trataría de la comisión de un despropósito ante la filosofía de la figura legal del plebiscito, e igualmente ante un eventual riesgo para los intereses supremos del país frente a la realidad, es decir, en atención al contenido real que pueda tener dicho acuerdo.

Por qué no es el plebiscito de la paz
Primero que todo, la libertad de expresión ciudadana en las urnas para decidir sobre el SI o el NO del plebiscito seguramente estará coaccionada por la presión armada y amenazas de las Farc obligando a los campesinos de varias regiones a votar por el SI. En segundo lugar, otras razones explican el por qué de las grandes dudas para los colombianos sobre la ‘paz’ que pregona el presidente Santos. Y esto tiene que ver, hasta ahora, incluso con lo poco que se conoce sobre las concesiones a las Farc por parte del gobierno en la mesa de negociación, como por ejemplo citar algunos puntos:

1. La impunidad total a los peores crímenes contra la humanidad cometidos por las Farc, pues ante esto hablan de “justicia transicional” que es un engaño de justicia, pues es simplemente un pretexto para evadir la verdadera justicia, lo cual equivale a sinónimo de impunidad.

2. A cambio de justicia para tales victimarios, la respuesta es que serán premiados con curules.

3. Entregar territorios llamados “zonas de paz”, o llámense “zonas de reserva campesina”, o el nombre que se quiera, donde mandarán las Farc, es dividir el país en pequeñas repúblicas independientes socialistas-comunistas.

4. Las Farc han dicho que la entrega de armas, y desmovilización total, no están en su idioma.

5. El llamado “Tribunal de paz” con parte de los magistrados puestos por los interlocutores del gobierno en la negociación de la Habana, esto no es otra cosa que oficializar una cacería a contradictores políticos de las Farc para encarcelarlos.

6. Considerar dentro del acuerdo de paz el narcotráfico como delito conexo al delito político para ‘amnistiar’ a las Farc y de paso legalizarles su riqueza. Sin embargo no indemnizarán a sus víctimas porque, según ellos, dizque “no tienen plata”.

7. Quizás el punto más importante que es pedir perdón por parte de las Farc a los colombianos, ellos dicen que no tienen de qué arrepentirse.

Los anteriores considerandos dejan prever a los colombianos que en vez de paz lo que puede generar el acuerdo es posiblemente más focos de violencia, incluso de algunos frentes de las mismas Farc que manifiestan no acogerse al acuerdo de la Habana. Con el agregado de que si hipotéticamente fuera la paz con las Farc, quedan otros grupos violentos que seguirán en su ley, como el ELN, el EPL, las bacrim, y quien sabe cuales otros que aparezcan en el escenario. Pero a esto es que el gobierno Santos le llama paz.

25 jul. 2016

Salir del narcorrégimen

Por @ruiz_senior

Antes de que la cocaína fuera la industria decisiva en Colombia (gracias a la extrema concentración de recursos en pocas manos y a la relación de las mafias con el Estado, de cuya benevolencia e ineficacia depende), el país era de todos modos miserable, violento, injusto y primitivo. Pero, como es bien sabido, la nueva industria multiplicó la corrupción política y judicial y reforzó la mentalidad gansteril tradicional.

La minoría comunista es la principal beneficiaria de esa industria. Desde mucho antes, el pequeño grupo de conspiradores y lagartos que buscaban prebendas soviéticas y cubanas fue haciéndose hegemónico en las universidades y reforzando lazos antiguos con los clanes del poder, pero las perspectivas de riqueza que generó la cocaína y la participación del régimen cubano y sus maquinadores hizo posible un control hegemónico de la función pública y también de los medios de comunicación, en gran medida porque los grupos económicos que los poseen son elementos imprescindibles del lavado de activos y el control de las inversiones de los dueños del negocio.

Es de la máxima importancia entender la afinidad ineluctable entre el proyecto totalitario y los negocios criminales, toda vez que las posibilidades de revolución obrera o agraria siempre han sido nulas en Colombia. Una fuente de recursos excepcional multiplica el poder de la conjura a la vez que la propaganda "forma" en los colegios y universidades a quienes contribuirán de diversas maneras a la expansión del negocio. Un elemento central de esa propaganda es el menosprecio de la ley. Los alumnos de Jaime Pardo Leal en la Universidad Libre aprendían ante todo que "El derecho no es más que la voluntad de la clase dominante erigido en ley". Si lo que prohíbe matar, secuestrar, violar niñas o mutilar a miles con minas es esa voluntad, sólo hace falta reemplazarla para que sea lícito hacerlo.

El hecho cierto es que desde el fin del Frente Nacional, y tal vez aplicando un proyecto de largo aliento cuyo primer mentor sería López Michelsen (junto con los jefes comunistas de los años cuarenta y cincuenta), Colombia ha sufrido esa doble hegemonía, de los agentes del régimen cubano en la función pública, en los medios de comunicación y en las universidades, y de la industria de la cocaína en la economía y la política. A estas alturas ya son lo mismo: la cocaína la producen y exportan las FARC y el gobierno es una agencia cubana.

Quien se plantee hacer que Colombia se convierta en una sociedad que se asimile a las democracias avanzadas debe empezar por entender que esas castas del poder son el enemigo a batir y que ya han llegado a una simbiosis completa con los comunistas, con los que esperan implantar otra dictadura como la venezolana. Es decir, dado que son el mismo enemigo que el comunismo y las mafias de la droga, es necesario empezar por no transigir en ninguna medida con ellas.

Sin derrotar a esa conjura no puede haber restauración democrática ni menos obviamente combate efectivo contra el tráfico de drogas. Luego, ése debe ser el eje de cualquier política recta. Todo esto parece muy obvio pero no lo es: no hay un partido que se plantee excluir a los comunistas o a los aliados de Santos de cualquier acuerdo ni describir a los gobiernos "liberales" de los noventa como simples bandas criminales. Ni hablar de deshacer el engendro del 91 y castigar a todos los instigadores del terrorismo comunista.

Esa corriente coherente no existe en Colombia y puede que falten generaciones para que surja. Mientras tanto el combate contra el narcorrégimen dependerá de lo que pase en Venezuela y sobre todo de las elecciones estadounidenses.












5 jul. 2016

Intimidades y deslealtades políticas

Por Jaime Castro Ramírez

El criterio debe ser una cualidad del pensamiento cuyo contenido filosófico tiene que ser acorde a la exigencia de seriedad y respetabilidad para determinar la puntualidad de las acciones de los individuos, lo cual conduce a demostrar la seriedad del comportamiento individual en el cumplimiento de los compromisos que se adquieren en el contexto de las relaciones sociales, lo que luego se convierte en elemento de definición de la conducta humana.

Entonces hay que hablar del sentido de responsabilidad social individual, pero en la categoría de responsabilidad formal, pues de no ser así, y si dicha responsabilidad se quiere identificar simplemente como de carácter normativo, aplicable según el grado de cultura o de decencia de cada individuo, es decir que no se observe como vinculante u obligatoria en su cumplimiento, esta circunstancia desvirtúa el criterio de la conducta social.

La relación presidente Santos, exfiscal Montealegre
Después de que estos dos personajes actuaron al unísono, valga decir, que el exfiscal supo entonar perfectamente el ritmo presidencial en tonalidad de favorecimiento político (abusando de su función como fiscal), ahora que el entendimiento de este dueto ha cambiado y las notas han distorsionado el ritmo de esa melodía política, Montealegre se rasga las vestiduras, y en el periódico El Nuevo Siglo salió a decir sin ningún tapujo: “El gobierno solicita respaldos para luego tirar a los amigos al circo romano”. Y agrega: “Sabe mucho de mermelada y no conoce la palabra lealtad”.

Llama la atención que hasta ahora el exfiscal se enteró de la mermelada (maldito concepto que ha implicado corrupción), mermelada con la cual el gobierno ha hecho y deshecho. Antes, cuando le convenía a Montealegre, quizás él “no sabía qué era mermelada”, lo acaba de entender.

Esta es una auto-confesión de Montealegre sobre sus perversas actuaciones en intervención en política, como por ejemplo su descarada intervención a favor de la reelección de Santos, y la persecución a opositores políticos del régimen (andanzas que el país conoce muy bien).

En los círculos políticos se rumora que la contraprestación para Montealegre (por su mencionado respaldo al gobierno-Santos) era el nombramiento como embajador en Alemania una vez saliera de la fiscalía, y que su pupilo, ex-vicefiscal Jorge Perdomo, fuera ternado por Santos para ocupar el cargo de fiscal, con lo cual Montealegre aspiraba a mantener su poder en la institución. Como ninguna de las dos cosas se dio por parte de Santos, entonces ahora Montealegre respira por la herida y le hace señalamiento a Santos por desleal (“no conoce la palabra lealtad”), sin importarle su propia confesión sobre sus indebidos actos en el ejercicio del cargo como fiscal general de la nación, los cuales constituyen su propia deslealtad institucional con la fiscalía, y con el país.

Coloquialmente se dice que entre bomberos no se pisan la manguera
Pues resulta que en el escenario teatral llamado ‘Santos-Montealegre’, la obra titulada “respaldos políticos” fue escenificada por dos actores ávidos de poder, y esa desmedida ambición ha impedido que se cumpla lo de no pisarse la manguera; o también aquello de que “quien tiene rabo de paja no se arrima a la candela”. Por esas promesas no cumplidas Montealegre ha salido a contar públicamente intimidades en una especie de cuenta de cobro a Santos.

Lo que el exfiscal quizás no sabía, tal vez por desinformado de lo que todos los colombianos conocen, es que estaba tratando con un experto en deslealtades y con más poder que él, lo cual conlleva a concluir en que se trató de un pulso mal casado entre desleales.

Lo anterior significa entonces que los traidores se repelen cuando entre ellos se juegan sucio y por consiguiente no les funcionan sus calculadas maniobras.

31 may. 2016

Sometimiento de la constitución y la ley

Por Jaime Castro Ramírez

Las democracias del mundo tienen su soporte de legitimidad política e institucional en la majestad de la respetable carta de navegación que construyen para consolidar su rumbo de países libres dentro del Estado de Derecho.

La importancia de la Constitución de la República es entonces de una trascendencia mayúscula, pues constituye la base para enaltecer la trayectoria institucional, el desarrollo organizado del ente país a través de las leyes fundadas en el mandato constitucional, al igual que dispone los derechos fundamentales de la sociedad.

Así como la Constitución es el norte para la vida republicana, por obvias razones tiene que ser respetada integralmente en todo su ordenamiento, es decir que se constituye en una obra institucional totalmente invulnerable. Esto explica el por qué solo puede ser cambiada o modificada por el constituyente primario (el pueblo) a través de una asamblea nacional constituyente elegida en las urnas con su voto, o por el congreso de la república por medio de un acto legislativo tramitado en dos legislaturas ordinarias y en ocho debates.

Lo que va a ocurrir en Colombia con la Constitución
El presidente de la república, Juan Manuel Santos Calderón, está en plan de acabar con la importancia de la Constitución colombiana, pues ha aceptado, nada más y nada menos, que lo que para los colombianos son inaceptables concesiones que él les ha hecho a las Farc en la llamada “negociación” de paz, cometer el adefesio institucional de que ese tratado de impunidad, donde hasta el narcotráfico fue considerado conexo a “delito político” para expedirle paz y salvo judicial a las Farc, y como dijo el Procurador, para convertir lo de la Habana en el mayor lavadero de activos, quede incorporado a la Constitución este acuerdo elaborado con esencia vende-patria haciendo parte del bloque de constitucionalidad, lo que significa incluirlo en el texto constitucional con la categoría de ‘valores y principios’ para así asegurar la permanencia y obligatoriedad de ese contenido venenoso para la democracia, razón por la cual para muchos colombianos constituye la entrega del país político, económico y social. Esto es muy grave institucionalmente porque significa que el presidente de la república le dio categoría de ‘Asamblea Constituyente’ a los criminales de las Farc y a los enviados por el gobierno a la Habana, pues quiere decir que les otorgó poder para que elaboraran parte del articulado de la Constitución, lo cual va en contravía de lo ordenado en la misma norma de normas sobre las instancias que pueden cambiar o modificar su contenido.

En este escenario de incertidumbre democrática apareció una frase que asombró por lo contradictoria y por el sentido engañoso para los colombianos, pronunciada por el presidente Santos a su buen estilo: “Las Farc se someten a la Constitución y a la ley”. Pues al respecto habrá que decir señor presidente Santos que lo que se trata es de una arremetida antidemocrática, y de acuerdo a lo que está sucediendo, debilitando el Estado de Derecho, lo dicho por usted significa exactamente lo contrario: La Constitución y la ley se someten a las Farc.

Además de otros esperpentos jurídicos que se han inventado gobierno y Farc, tales como el denominado “Tribunal de paz” al cual le dan característica de poder constituyente que acaba con el equilibrio de poderes, y por consiguiente no generará decisiones de paz sino de discordia social. Y qué tal la “ley habilitante” para darle poderes al presidente Santos para que elabore decretos con fuerza de ley que no podrán ser cambiados en su contenido, es decir que reemplaza al congreso de la república para legislar respecto a los temas que conforman el acuerdo de paz con las Farc. Esto es demoledor para la democracia porque el presidente de la república acude a un mecanismo dictatorial siniestro, pues esta es la clase de poder que exigen los dictadorzuelos para imponer su propia voluntad (en contra de la voluntad popular), con lo que Santos llevará al país por un rumbo político incierto, de lo cual dependerá luego el rumbo económico y social. Se sabe muy bien el resultado de las leyes habilitantes del chavismo en Venezuela: la ruina del país en todos sus órdenes.

Complicidad política de la ‘unidad nacional’
Lo peor que le ha podido pasar a Colombia en el gobierno del presidente Santos ha sido el contubernio político entre el gobierno y los partidos que se han alineado en la llamada “unidad nacional”, pues esto ha sido funesto para el país porque a través de la “mermelada” corrupta el gobierno ha comprando todos esos congresistas para que le aprueben en el congreso de la república todo lo que les lleve a su consideración, incluida la perversidad de la “ley habilitante”.

En consecuencia, todos esos señores congresistas que le han vendido el alma al diablo serán responsables ante la historia y ante el pueblo colombiano de lo que le pueda suceder al país y a su democracia, pues se convierten en simples cómplices de su eventual derrota.

10 may. 2016

Abucheo y rechifla al presidente

Por Jaime  Castro Ramírez

El poder que ejerce un gobernante es conferido por la voluntad del pueblo que le otorga la facultad de representar dignamente los intereses de la república y su democracia, a través del ejercicio de su cargo como presidente de la república, y a quien le corresponde honrar el histórico patrimonio democrático de la institución presidencial.

La responsabilidad presidencial es entonces un factor que representa grande trascendencia en cuanto le corresponde mantener el equilibrio del país en todos sus órdenes, y para lograr esto existe un requisito esencial que es tener a su favor la voluntad del pueblo, pues es circunstancia necesaria e indispensable para lograr el apoyo popular en el día a día del cumplimiento de su gestión de gobierno. Un presidente con la voluntad popular en contra carga con el inri del rechazo ciudadano y de acercarse a la ilegitimidad de sus actos porque carecen de la aprobación primaria de quien le confirió el poder y por consiguiente le otorgó la facultad de gobernar - el pueblo.

La situación del presidente Juan Manuel Santos
Es verdaderamente lamentable para la dignidad de la Institución Presidencial, y para la Democracia Colombiana, ver que el presidente de la república sea rechazado por el pueblo a través de la manifestación colectiva vehemente del abucheo y rechifla en los escenarios públicos donde asiste para cumplir alguna diligencia propia de su cargo. Esto, a nivel nacional e internacional, desdice mucho de la autoridad y respetabilidad que debe tener quien representa a la sociedad colombiana desde el poder ejecutivo.

Esta nociva circunstancia de rechazo popular se la ganó motu proprio el mismo presidente Santos desde el primer día que ejerció como gobernante, y esto a consecuencia de sus reiterados engaños al pueblo: Primero desde la desafortunada estrategia de utilizar la popularidad del gobierno anterior para hacerse elegir en 2010, y de inmediato incumplió todo lo prometido de continuar con esas políticas por las cuales fue elegido, lo que significa que engañó a nueve millones de colombianos que lo eligieron atendiendo el guiño del mandatario anterior quien le endosó su capital político y luego se convirtió en el primer engañado. Bueno, bien lo decía Nietzsche en referencia a quienes no agradecen: “Las grandes deudas de gratitud no suscitan gratitud, sino encono y resentimiento”. Se podría agregar que es actitud propia de traidores. En segundo lugar, en el transcurso de sus dos periodos de gobierno son diversas las promesas incumplidas que han desmotivado al pueblo. En tercer lugar, y quizás lo más resonante, es que ha descuidado muchos frentes de gobierno por dedicarse a su obsesión de lo que ha llamado “proceso de paz”, de lo cual hay grande incertidumbre y demasiadas dudas sobre para dónde lleva al país como consecuencia de las concesiones que está haciendo a los enemigos de la democracia en materias de políticas de gobierno, e incluso en políticas de Estado.

Lo anterior a cambio de nada porque la contraparte no acepta concesiones: no van a reparar a las víctimas, dicen que no “dejan” las armas lo cual es un contrasentido hablando de paz, no piensan desmovilizarse, no piden perdón, no aceptan la justicia ante sus crímenes de lesa humanidad, etc. (lo cual no es paz), y esto dentro de lo poco que se sabe, lo que simplemente indica que las concesiones en lo que llaman “negociación” solo las hace una de las partes: el gobierno a nombre del Estado colombiano.

El país está muy temeroso de que como consecuencia de la paz, y en nombre de la paz, eventualmente sea llevado a convertirse en otra Venezuela a través de la grande presión que ejercen los fuertes vientos que soplan del socialismo del siglo XXI involucrado en dicho proceso de paz (a través de Cuba y Venezuela), socialismo que está desapareciendo en la región porque está siendo derrotado, pero Colombia pareciera dispuesta a acogerlo, y esto solo ocurriría si así lo decide el presidente Santos, y también por eso el pueblo está reaccionando en su contra.

En consecuencia, no se sabe todavía la verdadera trascendencia política, económica y social que con el nombre de ‘paz’ le signifique afrontar al país hacia futuro. Entonces, son grandes y muy preocupantes los motivos por los cuales el pueblo no quiere a su presidente.

Gobernar con el 50% de favorabilidad popular es de por sí mal registro porque implica tener la opinión dividida a favor y en contra, pero cuando las encuestas ubican al presidente Santos en un irrisorio 13% de favorabilidad ante sus gobernados, políticamente significa que se ha desaparecido literalmente la confianza en su gestión de gobierno. Ni qué decir entonces sobre dónde queda la gobernabilidad, dónde queda la legitimidad de sus actos ante la desaprobación popular, y específicamente la legitimidad de lo que apruebe en la negociación de paz.

29 abr. 2016

El esfuerzo de la paz

Por @ruiz_senior

No entiendo, luego mando
Sin pensar en la esclavitud no se puede entender nada de Colombia. Por eso los de derecha que se oponen a la izquierda en el sentido que la demagogia socialista tendría en Europa son pobres engañados que añoran un mundo ya perdido para siempre, en el que tenían alguna jerarquía. La opción correcta de las clases altas de antes es el comunismo, para comprobarlo basta con ver la situación actual de las grandes familias que se han afiliado a ese bando y la de las demás.

La forma en que la esclavitud es la principal institución colombiana se podría demostrar de muchas maneras, pero no es el tema de esta entrada. Lo relato porque en muchísimas discusiones con doctorcitos izquierdistas descubría que cuando ellos no me entendían eso se convertía en un argumento contra mí. Los demás tienen el deber de decir lo que ellos puedan entender; si no lo hacen, la culpa es de los demás. ¿En qué contexto se puede dialogar así? Yo lo sé: en las conversaciones con el servicio doméstico, cuyas opiniones no importan y apenas se le presta atención con un sentido instrumental. ¡Cuánta impaciencia generan esos balbuceos y cuchicheos ininteligibles! Como las opiniones o ideas que no son las habituales de los señores. De hecho, no importa que el contexto sea diferente, proclamar que uno no entiende automáticamente le otorga un rango social superior.

Un día vi que entre los términos que eran TT en Twitter en Colombia figuraba #DonaldTrumIsTheNewHitler. Me indignó porque me acordé de la propaganda de la izquierda contra Ronald Reagan (ahora el siniestro William Ospina hace creer a los universicarios que él es como Borges, pero en los años sesenta se decía de Borges lo mismo que ahora se dice de Trump). ¿Cómo podría un amigo declarado de Israel como Trump ser como Hitler? Escribí esto para burlarme de la ocurrencia: 
Y me encontré con esta respuesta de una dama con la que nunca he tenido ninguna interacción de ninguna clase en ninguna red social:

A estas alturas sigo sin entender qué puede haber de antisemita en mi tuit. ¿Habrá alguien que no sepa que Hitler mandó asesinar a millones de judíos? ¿No es evidente el sarcasmo? Después me enteré de que el lobby judío estadounidense es más bien proclive a la izquierda, pero para el caso se trataba del apoyo a Israel. No importa, a una alta funcionaria y columnista no le hace falta entender, es Colombia, cuanto menos se entienda más respetable se es, más resultan los demás equiparables al servicio doméstico.

Pero ¿hace falta entender?
La esencia de los valores y actitudes de los colombianos está definida por su pasado, cosa de la que casi ninguno es consciente. Ese pasado es la Contrarreforma católica, aplicada con especial saña allí donde los poderosos recibían la encomienda de evangelizar a los paganos. La incapacidad de la crítica define a las naciones hispánicas desde entonces y explica todo el retraso de España (no era lo mismo en el siglo XVI) respecto al resto de Europa occidental. Sencillamente, se está con la única fe verdadera y se odia al hereje, al judío, al musulmán, al masón, al ateo, etc. (para la mayoría de los colombianos de las generaciones anteriores sería imposible discriminar entre esos conceptos). El precio de cuestionar la autoridad o no serle totalmente leal era elevado. Por eso los colombianos son personas de adhesiones firmes, los que van a la universidad odian a Uribe más allá de toda racionalidad, sin inquietarse en lo más mínimo por el éxito de los sociópatas de las guerrillas, y los demás están de acuerdo con él haga lo que haga. Eso les ahorra el esfuerzo de entender, y puede que sientan que por eso adquieren un rango social superior.

Por eso no se intenta entender qué quiere decir este tuit:
La cuestión es que las producciones de la mayoría de los uribistas hacen pensar que ellos están contra el proceso de La Habana. Parece que están contra ese proceso en la medida en que lo esté Uribe, de otro modo están a favor. Son grados de acomodamiento al sentido que permiten entender al país. O sea, permiten entender la mente del bárbaro, que es aquella en la que las palabras no tienen un sentido fijo sino que se pueden entender cada vez con un sentido distinto. Primero estaban a favor de la paz porque naturalmente no van a estar a favor de la guerra. Después estaban a favor de la negociación de paz (llamada "paz") pero no de la componenda de La Habana. Ahora están a favor de la componenda de La Habana (llamada "paz") pero con la condición de mejorarla.

Los políticos necesitan obtener votos y aun mayorías para que su actividad tenga éxito. Por eso todo lo que dicen tiene por objeto alcanzar esa hegemonía. Cuando un político tiene asegurado el voto de los radicales de un bando, intenta atraer a los moderados para sumarlos. Según esa visión, dado que no hay ningún sector político que se oponga con más firmeza a la infamia de La Habana, Uribe intenta atraer a los moderados y así sumar. Y por eso intenta evitar que en el plebiscito se elija entre la paz y la guerra, según temen que sea la propaganda oficial. Entonces, a los que se muestran receptivos respecto de esa propaganda los tranquiliza con la promesa de continuar con "el esfuerzo de la paz" aunque Santos pierda el plebiscito.

 La mayoría engañada
¿Dónde falla el enfoque anterior? En las palabras. La política se basa en la mentira, pero la pura mentira, la mentira sistemática, termina generando sólo confusión y haciendo perder la noción de lo que se busca. El acuerdo con los terroristas no es "la paz". Cuando se usa la jerga de la propaganda del enemigo, se empieza a estar en su bando. Si lo que se quiere es ganarle a Santos el plebiscito (lo último es que probablemente tenga que convocarlo después de la resolución que aprobó por unanimidad el Senado estadounidense), no se puede animar a la gente a votar contra algo que no se cuestiona. Si la propaganda llama "la paz" al acuerdo con los terroristas y uno lo refrenda, ¿qué les va a decir a los votantes para que se opongan? El resultado de eso ya se vio en 2014 con un candidato que imitaba a Santos.

De modo que la mayoría formada por guerreristas y mejoradores de la paz no tendría mucho fuelle porque no podría ofrecer nada creíble. Lo que pasa es que el objetivo de Uribe no es vencer a las FARC ni menos promover la democracia (que intentó abolir con su plan de presidencia perpetua), sino recuperar la presidencia. Sólo así se entiende que no quiera arriesgar su cuota de poder ni sus relaciones con los politiqueros más poderosos desautorizando rotundamente las negociaciones.

Colombia sin paz
La amenaza del narcorrégimen es así: si no se alcanza la paz, volverán las masacres y el terror. El paso siguiente es la admisión solemne de un cese al fuego bilateral (que los asesinos ya anuncian en Twitter), y queda la impresión de que los terroristas tienen a los ciudadanos a su merced. Esa declaración de sumisión al terror por parte del gobierno oculta el elemento central, que es la existencia de la ley internacional, de la CPI y de la declaración de los Derechos Humanos. Y es que los terroristas necesitan más la "paz" que los cobardes que se les someten: si no hubiera acuerdos, podrían matar a algunas personas más, pero ellos individualmente serían reos de persecución y terminarían como Ricardo Palmera. De modo que su única verdadera arma es el gobierno de Santos y la trama grande (las FARC son sólo la punta de lanza) del Partido Comunista, la Universidad, los sindicatos de funcionarios y las castas dueñas del país.

Pero todo eso tampoco es muy sólido: el régimen venezolano ya va racionando la energía y pronto traerá la hambruna. Cristina Fernández ya cayó y la puede seguir Dilma Rousseff. La sucesión de Obama no parece tan feliz. Los recursos del gobierno de Santos para comprar apoyos no son lo que eran y los precios del petróleo no se van a recuperar. El descontento es generalizado. En el supuesto de que anunciaran la firma de "la paz", se trataría de un gobierno sin apoyos con una banda criminal a la que odian la mayoría de los colombianos. La farsa sería demasiado difícil de sustentar. En 1991 contaron con la orgía de terror que le atribuían a Escobar y aun la Asamblea Constituyente no tuvo los votos ni del 20% de los ciudadanos. Sencillamente, se impusieron porque no había oposición. A Álvaro Gómez lo habían secuestrado antes y de algún modo lo forzaron a firmar (alguien me contó que en su programa de televisión todos los periodistas pertenecían a la izquierda).

Por eso necesitan a Uribe. Por eso amenazan día tras día con encarcelarlo, encarcelan a su hermano, intentan encarcelar a Zuluaga, etc. Sin el apoyo de Uribe y el uribismo no pueden vender la "paz", menos ahora.

Promesas constituyentes

Pero Uribe sabe eso y espera cambiar su apoyo a la paz con un cambio constitucional que le permitiera volver a ser candidato presidencial. ¿Qué otra cosa será lo que discuten con Álvaro Leyva y el abogado de las FARC? ¿Qué otro sentido puede tener el artículo de Juan Lozano en el que le reprocha a Santos que les incumpla a las FARC y acepta que éstas tengan delegados no elegidos? La apuesta de Santos, y antes de Pastrana, y antes de Barco y Gaviria, y antes de Betancur, es poder ofrecer un país sin masacres ni secuestros ni "conflicto". Ese atajo, inconcebible en ningún país civilizado, tiene cierto público en Colombia, pero no porque la población sea tan estúpida como para no entenderlo ni porque la propaganda sea tan eficaz, sino porque encaja en la tradición y porque las castas superiores obtienen ventajas del terrorismo (perdón por repetirlo todo tantas veces, pero la afirmación anterior quedaría sin sentido: el gasto público se multiplicó por 19 entre 1991 y 2002, y la desigualdad aumentó diez puntos del coeficiente de Gini, y la pobreza no se redujo).

Uribe no quiere resultar el que obstruye ese logro. "Para consolidar la paz" hará falta integrar a los reacios, y ¿qué mejor que un presidente que los desarma y desautoriza y está comprometido a respetar los acuerdos? Sus esperanzas no son tan infundadas como parece. La astucia de formar una mayoría con los que se oponen a la "paz" y los que quieren mejorarla no corresponde al interés de derrotar a Santos y las FARC, sino a otros cálculos.